18 mayo 2016

MÍNIMAS

Acaso nos recordarán por un párrafo en la batalla de las mil novelas juntas; por una línea en la reflexión de edades o la fiebre.

Destinados a pensar por viñetas pequeñas. Elegimos, harto haraganes, la sola mención, la frase corta, el aforismo, la cruda línea como lanza que llega más que todo un lomo apolillado en el estante.

Con qué agrado recordé esas mínimas imágenes de embarcaciones fantasmas captadas por la camarita de Eguren; qué ternura la de la ranita verde agua mojada entre las hojas del jardín de un paso de ancho.

Construí, niño, un pequeño lago con una gruta ínfima al lado; sembré un alevino, una mojarrilla y varios otros pecesillos en ella. Pero ¡oh, suerte malhadada!, amaneció seca, y los peces muertos.

La vida es corta, amigos; se compone de una sola imagen, la que se nos presenta como una tierna risa el último instante en la agonía; ese santiamén compuesto de un guiño presuroso de estrella; entre tanta inmensidad constelada que se resume en sólo risa.

Reinventamos la frase que nos representará a lo largo de la vida; la memorizamos, la llevamos en la frente: cruz de ceniza a la salida de misa.

Aún me llena de dicha guardar medio ramo de olivo; el otro se lo di a una muchacha tranquila, callada, sencilla como una ventanita resplandeciente tras de la cual una madre acaricia a su pequeño en la noche caliente un Domingo de Ramos.

Poseo una cigarrita disecada bañada en oro puro de ocaso; una polilla que ilustró una revista y una Biblia que ocupa medio dedo poseo; a la que leo con lupa.

Conservo la suerte inventada, tal vez; áquea estalagmita en el amanecer de las dos cajitas llenas de serrín metálico que pegaré a los conos de pino en el árbol navideño, como escarcha de una mañana petrificada en el mínimo instante.

Me levanto de mi tarea que era terminar un último drama. Los fusiladores, como en “El inmortal” de Borges, continúan donde los dejé hace un instante. Cierro los ojos. Sé que esto es el fin. Abro las ventanas del miedo para ver por última vez la vida bullente.

Neruda me cierra los párpados cansados de nadie, de nada, de “nada ha pasado a nadie,/no estoy en parte alguna.”

Por un mínimo hoyo se llega al microscópico instante del tiempo perdido.

Jack Farfán Cedrón

Por un mínimo hoyo se llega al microscópico instante del tiempo perdido.

Licencia Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Perú de Creative Commons.

Constelaciones

ARCHIVO DEL BLOG

BÍO

Mi foto

Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).