08 mayo 2016

HAZ DEL BIEN, FLORAL CONTAGIANTE

HAZ DEL BIEN, FLORAL CONTAGIANTE

Con el tiempo aprendemos que haciendo el bien a las personas, su muerte nos será menos penosa. Si algo hemos hablado para el viento, si hemos agotado esfuerzos porque alguien se encamine; y creíamos que todo estaba perdido, que era desperdiciar pólvora en gallinazo; pues nos hemos equivocado. Los consejos llegan tarde. Pero un día llegan de verdad, y traspasan a toda la maldad, a toda la desidia, a todo el desánimo, a toda la envidia. No somos más que el puente bien concretado, entre un alma atribulada o llena de congoja, y nuestros límites a los que alcanza. Ese trabajo, esa razón para existir, nos demuestra que el mínimo esfuerzo puesto en una persona, un grupo de personas, o un proyecto muy grande, no fue vano. Quizás los frutos sean paladeados por gente adulta o ancianos, pero nunca viejos; porque la juventud empieza donde comienza el entusiasmo. El esfuerzo habrá estado hecho para generaciones venideras. No cejes, no te aflijas, no arrugues ante nada. La fuerza con que le pides con rezos de rebaño a Dios, el ser invencible, inmortal, indesmayable, es la misma fuerza con la que tú eres capaz de ser el mismo Dios; aquél Inmortal descrito en un cuento de Borges, que en un solo instante, a través de sus deseos fervorosos por no dejar este mundo, detuvo el tiempo de la bala que lo fusiló, para terminar su obra dramatúrgica, y morir, pero dejando el legado de que el tesón, jamás será vano, para nadie.
La mano floral que bendiga cualquier destino debiera acaso empezar por la familia, para cohesionar la unidad de las buenas vibraciones.
Aparta de tu espíritu la indiferencia, la codicia, la preocupación por el futuro, que nunca viene si está infesto del qué comeré mañana, del qué vestiré, de dónde me cobijaré, mañana.
¿Se han preguntado qué come un perro vagabundo? ¿Éste se preocupa por cómo defenderse de los demás perros rastreros que lo atacarán hasta dejarlo descuartizado? Pues, nos importa un nabo lo que le pase a un perro o a un mendigo; si es que a éste lo miramos siquiera, al darle la avarienta moneda de lo que nos sobra, apenados.
Existen casas almacenadas de basura que ya no usamos; ropa, libros, material reciclable… pero que para otras personas las harían felices.
No se justifique la delincuencia; mas, como esos cachorros abandonados, que, timoratos aprenden a ser asesinos, aun de personas; así se gestan en la mente delincuencial los actos agresivos, que llegan a fechoría.
Con el tiempo aprendemos que nada nos llevaremos de este reino de penalidades; y que cada uno de nosotros en un milisegundo desaparecerá sin saberlo, porque no estamos en el Infierno, donde saltan y se embriagan todos los demonios; tampoco estamos en el Purgatorio, diez círculos salvables siquiera por unos cuantos santos o beatos; mucho menos estamos en el Paraíso: nadie es ángel. Todos caemos. Pero unos tienen la capacidad de levantarse más rápido que otros. Estamos calcinándonos en la tierra: esa calcinación durará, entre otras penalidades, el instante exacto que nos dure la presencia justa que porta una sonrisa, descendentes al porvenir de la muerte que ya no nos recuerda. ¿Acaso alguna vez hemos sido?

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BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).