08 mayo 2016

EN AQUEL SUEÑO, HERMANO, REÍAS ALEGRE


Imagen: Skrzypek

EN AQUEL SUEÑO, HERMANO, REÍAS ALEGRE
Agria se nos toma la vida, cuando acaece despedirnos sin razón alguna, por la simple misión cumplida que nos toma y nos agobia.
Las despedidas son un breve destello avistado por alguien, un rápido destello de un alma que va a cumplir otros nobles oficios. Esta tarea es celestial, se sublima sobre el incendio de las nubes mismas, se solidariza con los ángeles perdidos de vista entre los cúmulos; ¡ah, qué sé yo!, una vista aérea lo torna más descripto.
Ánima, ¿acaso has cumplido con todo lo que se te encomendó?
Nada parece inimaginable, cuando todas las fuerzas impuestas en uno se contraponen contra todos los oleajes del mundo, contra todos los temporales, los maremagnos más gigantescos arrasando la tierra a pedazos.
Y, brevemente sentimos que la fuente se seca, que los hornos solares nos extinguen las aortas, que el guiño del dorado bebe nos estremece de ternura toda el alma.
Pero, no es más que un paso a otro planeta, eterno ser que te despides; una metida de pata en medio remolino de la serpiente acechante, un breve lapso entre la línea del ahogo y la valiente presunción de una pechada de aire mientras caminamos a coronarnos de superhombres con un piolín de trompo entre los dedos rugosos.
Tal que vivimos para, en rápidos respiros triunfantes, alcanzar la llamada ensoñación de mil victorias, por la Poesía, para ella y nada más que por ella.
Cada ser humano desmiente aquella arruga de gozo que se lleva tu estrella.
Y, doblar por fin, algo que no estaba previsto, en un escindido avión de papel portando cartas jamás leídas porque se soñaron en el lapso de convertirse en realidad.
¡Todo ser humano puede realizar todo lo que imagina!
Pero la distancia que vadear choca en las narices. Las barbas, de un vago vino memorial nos escancian a nosotros, nos llenan de gozos etéreos, de desgarros, de tantas muchedumbres juntas leyendo el poema “Masa” ―por decir―, al unísono de billones de estruendos juntos, de titilares hilando la distensión estrellada de la pura maravilla que ni aguarda: ¡Sucede!
Pues, nada, démonos por vencedores, resurrectos proyectados hacia esa arista universal que de la mano lleva hacia el estuario a la amada filosofía; loca ella, filosa de una ironía espiritiva hasta álgida presencia que se tasca a sí sola, que se renueva, que se junta hasta encender por fin todos los sistemas solares en hecatombe junta, en reciente milagro emanado del obscuro corazón dando fuego a las flores marchitas.
Nada de vanidad, ni de secretos; cada ser maravillado brilla porque sí, y para nadie más que para él mismo, como ese infierno aceptado que cargado se aliviana en destello. ¡Hasta el más presente infinito!

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BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).