18 mayo 2016

CUANDO TÚ SONRÍES, CUANDO MI SOBERANA PRESENCIA TE INVADE LLANAMANTE

CUANDO TÚ SONRÍES, CUANDO MI SOBERANA PRESENCIA TE INVADE LLANAMANTE

Habré de extrañar tu angelical presencia, varando flamígera de agua sin color y con saliva en las mejillas, frente al mar de mi presencia.

Entre fantasmagóricas esencias, yo te llamo al sonreír, te reclamo por qué de estar ausente. Y tú, como en un templo de cera lo calmas todo si el fuego amaina a cada instante. Nada se derrama entre nosotros, si la luz nos ha abolido de energía volátil y nos ha dejado contemplarnos con cada calor corpóreo que hacemos cuando copulamos con nuestros poros abiertos, hacia la honda distancia del infierno.

Nada sobra, nada se hace voluble ni se esgrime con los pasos cansinos del dolor que se soporta, al tenerte tan cerca con la risa demencial de una hiena enferma de insomnio, toda enlutada con piel de luna estriada en tu pelaje.

Eres la santa del velo regado en nuestra alcoba, eres quien me absorbe la saliva si yo entro en tu lengua de anguila secreta hiperrealista etérea azóguica lunar oleada por una baba de caracola recorriendo mi bálano sobre una pared en la autopista: Eh, Nocturna!

Secreta como los ojos de la noche que se cierran para un solo ser y se abren para múltiples fantasmas que te cargan o te poseen durante los sueños malos cuando sudas y te tocas la entrepierna para comprobar si soy yo el que está entrando en tu cunneus diaboli o soy un súbcubo que te toma violentamente entre el rapto helado, cada madrugada.

Escondida entre ángeles desnudos que te cargan bajo las nubes donde orinas una miel argenta, clara y dulce; almíbar de oro o diamantes dispersos desde un guante lánguido y presente, hacia el fondo y negro lacustre del cosmos que nos pierde, friccionándonos hasta dolernos.

Pero la cosa es que tras la puerta te he dejado un mensaje entre los ojos, te he manchado con los dolores infinitos de Cristo el delantal de esposa, la bata de virgen manchada por el rastro himeneo que te ha hará abrir los ojos al mundo carnal, voraz, !ah, ninfeta!

Y tú asientes; cada rosa lo hace, cada gota de rocío, lánguida, clara, larga, amaneces.

Todo lo que existe es el silencio; todo lo heredado, todo lo inasible cada vez que me comprendes, toda vez que asientas velarte entre los cirios etéreos, de un sueño entre rocas presurosas aguándose al tocarlas; entre legiones de ámbar mariposas, de orín reseco que se agrieta y desmorona al cumplirse la historieta amañada de nuestra primera cópula; amante mía, que un día vendrán a tapar tu cuerpo tendido sobre el río.

Novia muerta, flotante en el agua perfumada de flujos lacrimales que terminan conmigo. Guirnalda de ninfas que retuerce un viento con sabor a fruta de estación y ramos recogidos al levantarle la mano a una gran amiga celeste: , como la furia de una catarata a la que ponerle la punta de los dedos para soportar todo el ímpetu del agua furiosa como un maremoto, cual la propia bestia emergiendo de las aguas a tragarnos; voraz, con fauces que ha creado la devastación, el olvido, lo maligno.

Caricia mía, azucena elegida entre rosas liliputienses que un día regó un enano en el jardín que moja tus pies o los desaparece.

Sabrás, la rosa negra existe; y cuando la veas portar a un extraño mensajero, es que te habrá traído malas nuevas; y yo ya no estaré para mirarte; y tú ya no estarás para anochecerme bajo el alero terreno de tus ojos. De sombra arco, ala fugaz, umbría, de diamante; arquitrave a través del cual duermo sobre ti, para que todo tu cuerpo pegado al mío se haga un solo siamés lascivo, sexual, hasta el cansancio.

Ser el cielo al que cargar, entre flores rigurosas, entre hierbas locas que la demencia sepulcral pasta a plena medianoche.

Nada como la perfidia tornando a cercanía; aquella desolación cuando te vas y me prometes encontrarnos.

Me dices que a lo largo del jardín umbrío, entre celajes melancólicos levanta, una rara sensación de tiempo no transcurrido, que se inventa hoyo abajo hasta el mar inconmensurable de presencia arrojada; soplando, vendaval perdido de notas tutelares.

Calle abajo yo te creo entre esferas de cristal inventadas por la descendida respiración de los peces etéreos; yo te absuelvo de almíbar, de azúcar moreno, de fría serranía; para que te roce entre los muslos; y, tibia, te retuerzas sobre mis hombros, anguila de lascivia y baba marina; y así descienda, germinal, tu garganta aquí cerca.

...descienda, germinal, tu garganta aquí cerca.

Jack Farfán Cedrón

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).