29 enero 2012

Álbum de esperas y otros asuntos

Jorge Prieto

Ediciones El Mono ArmadoArgentina


Mi auspicioso amigo gaucho Héctor de León Born, últimamente editor (su anterior oficio fue domador de caballos), a quien agradezco el gesto amable de haberme publicado El Cristo enamorado, preciosa edición argentina en papel Color Spot Maíz de 90 grs., color crema fuerte, con el agregado de la finura de libros numerados (30), edición de lujo, ácido a veces para con los poetas de su alrededor, acota en un mail que repaso hoy mientras me embarco en la pérdida del seso lexicomaníaco:

“¿Hasta dónde la poesía resulta de un “oficio de poeta” generado en el arte cinematográfico, tan meticuloso en el encuadre, las luces y sombras, los ángulos, la densidad actoral, la tensión dramática, los tiempos, etcétera… es decir, una poesía generada en la técnica de la imagen cinematográfica, o sea, artesanal más que artística?”

No tanto por el gusano discursivo más que por el voluntarioso ostracismo de espetar una opinión, más de lector, es que, y a manera de respuesta o diálogo a la distancia, afirmo, que toda la lírica, así como el arte de la novela, no hace sino valerse de cada técnica, para, encuadrar en la paleta el torrente imaginérico y entrañable que hasta hoy el autor de este álbum inesperado ha hecho, para, con una gama de escasas y cordiales palabras, hacer del oficio vital de poeta-cineasta, la obligación de vivir dentro de un nítido encuadre fílmico, encauzador de la promesa valedera que hace frente al arte, por sobre todos los manierismos que hasta hoy ha hecho en denodados esfuerzos la cruzada legionaria de aedas involuntarios a la sinrazón, más que a los buenos momentos por los que se sazona la vida, con sus altibajos, desesperanzas, crudezas, y hasta espectrales verdades con las que muchas veces el retrato de la poesía vislumbra los retratos literarios, fruto derramado del azogue que cada uno rubrica al hendirse ante el bregar del suceso, el poeta vital por antonomasia.

De un tirón que duró lo que dura un viaje inter urbano o una siesta aprovechada dentro de esos hacinamientos lumpenescos por no llegar a casa empapado, leí Álbum de esperas y otros asuntos, de Jorge Prieto, en lo que venía prometiendo la tempestad más cruda. Se pudo leer de un desatino fotografiado a fases, el compilado familiar de un lobo escenario. Lo que aquí, con la simpleza del avance más que con la pretensión del fraguador de poemas en sí, nos ha encapsulado Prieto, no en quietas historias que seduce el cuento, el pequeño, o el largo cuento, sino en piezas poéticas con sutil movimiento, ajedrezadas por imágenes superpuestas en el tiempo y el espacio, tendientes a perpetuarse en la memoria inesperada de los placeres momentáneos, prefigurados por una cromaticidad al vuelo de viandante velando los espacios más iluminados, con lo umbrío de la recordación que pasa por un triste hombre maduro omnisciente con que nos hace viajar el tren de los destinados, a, inevitablemente, recordar como con el corazón de los desesperados, que han desasido las manos húmedas de espanto.

Espera, nudo, el ansia que no asoma dos veces al romántico dejado viajar a la musa de su vida. A la zaga, palabras clave con que recorre alertado un sobrio lobo lunar que viene del mundo a sentarse a recorrer eventualidades pasadas, parcamente sucedidas al tren de la eclipsada vida.

Piezas fotoprogramadas por la cámara negra de puntos visibles a simple asomo, anotadas al vuelo, por quien no volverá a oxidar esos pálidos paisajes transitados, que no sólo imaginan la pérdida del tiento en la encrucijada dúctil, avivada por la llama de lo quedo en vilo, aliento a vaivenes deplorados por la zona de promesas inesperadas, dichas, a las cuales pertenecen las vidas que toman de las ocasiones tan sólo el corazón de la fragancia, el tacto poblando el paladar de manos desasidas; parca sombra.

Pero al final, sin es que osa cruzar esa estrella sin punto cardinal a lo largo de una desértica polvareda evidenciando formas evanesciendo en la noche encaminada, ¿qué puede quedar, qué puebla a los ensimismados auscultando, palpándose un agua abrevada secularizando sentencias? Aparte de esos desaliñados recuerdos, lo que unos pocos entrañan a ramera de gramo de oro interpuesto a lo unidimensional de la tonelada prometida urdiendo el destino, sólo la reída sentencia de que, tales, asomados, tal vez nos permanezcamos ilusos, algo satisfechos, con el último momento esparciendo sombras brilladas, el grillo de la siniestra jamás despoblada por un crucificado de soledad, de abandono, algo lúdico.

El planeta se compone de ciertos anotadores de bitácoras con algo de cabo entrañable en la vena sucesora de la lira de loco delante de un incendio marmóreo, suceso únicamente superado por la espera, ese álbum animado que no volverá a defraudarnos ni a dar pie a álbum de deshechos; vital, sin fecha de caducidad ni hondura de desatinos.


Nota vital del poeta (Cortesía: Héctor de León Born; Argentina)

Jorge Prieto fue ayudante de Leopoldo Torre Nilson (La Casa del Ángel), David Kohon (Prisioneros de una Noche, Tres veces Ana, Breve Cielo) y Rodolfo Kuhn (Pajarito Gómez), tres directores de primera, renovadores del cine argentino de los ’60, siguiendo a Antonioni (Blow-Up —sobre un cuento de Cortázar—, Il Deserto Rosso, L'eclisse, La Notte) y la nouvelle vague (À Bout de Souffle, —Godard—) y es Licenciado en Cine.

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Constelaciones

BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).