15 abril 2011

⌂ Miércoles 26 CÉSAR VALLEJO

Al cierre de ventanas cunde la aproximación de una lira fantasma. Fue aquel cetrino que tenía el fiel complejo de Dios, cuya o cobaya enfermedad desconocida intuyo que fue la pena. Y su máscara se la llevó Georgette a la tumba, la pobre viejecita. Una máscara que hasta el dolor se hunde. Sucede que no podemos solos contra el mundo. Quizá el hosco Santiaguino debió unirse al redil, dejarse arrastrar por la corriente y toda la tonelada de camarones que se dejan llevar. Algunos no aceptan la muerte así como así, sólo hasta que mueren. Mas, a veces no es así. Siempre nos aferramos a la imposibilidad de persistir en un sueño. Los brazos en derredor de la corriente por alcanzarlo. Los búhos corazones en su insomnio. Qué estarás haciendo en aquel profundo poyo sin fondo, extinto corazón roído en los dientes del espanto. Y por más que no queramos, tendría que ser así, cholo infame, decreciendo en unas palmeras, al rojo extinto de la noche. En una pulpería cualquiera apagabas tu sed, lamentos que por Mansiche como viejos y broncíneos bueyes cabeceando brutal hacia abismos. Arando. El desplume total a ñandús recuerdos que en su ciego serpear atraían de por sí ya todo lo cráneo, así sin otra muesca de revivas, a las palomas que van seguidas en una sábana mágica arreciando más, a guisa de viento que en testuces. Avaloriado tendal de muñones de palo que bien frutecerían sus frutos de agua para la sed del labrador que suda y es feliz sin más que su plato, su familia y su perro fiel. Quizá no supiste serlo. Dios en la línea a paso seguido bajo una farola de una noche concentrada en el perfume de ese nardo que llamaba. Y la señorita qué hacemos, coneja mía, traspapelaba esos versos que quedaron sin más remedio que otra exhumación del cadáver formidablemente atareado en su espanto. Sin otro nombre que el que proporciona la espalda del que ve, al irnos, sin otro nombre más que acto seguido acomodémonos, más acá que ya no hay espacio, que ya empieza la función. Un aguileño en gabardina asume un yo formidable, cuando camina, cuando tose. Aquella línea que separa el alma, cuando bajo un puente se maquina fechorías de rata que sonríe, a solas de sus leches dientes conejiles. —. ¿Han volado las razones de la de, digamos, acto seguido una neurona? A plenas cruces parece que. En los cementerios resuenan tus cajones, tus lagartijas y los nabos demasiado cardiacos para ser una copiosa mermelada completamente acaparada en su frasco, reflejan luces diurnas. A ese despertar es al que me refiero. Un Domingo sin nosotros, y hoy que perdura la orfandad, suele ser una bufanda alegrando al cantor profesional. Asiente a la cortesía de —¿una copita de jerez? ―Claro, porque los peces nunca cierran el ojo, debe ser porque ya sería demasiada tristeza verlos esperar toda la noche, flaqueando los párpados que a aguas corridas de una marea silente. El caballo de las tres de la mañana emerge. Nace una trasmigración apostada entre la arena refulgiendo concomitantes masas de desierto y sal. Un gallo se lamenta a lo lejos que han negado tres veces al Redentor, y ni siquiera morir ahorcado ha remediado esa culpa de portazo final, cuando la casa desaparece y ni la puerta, ni la distancia del golpe que nos han tirado, no en las narices, sino en el alma. Como boca insondable que traga, por haber sido así, por haber aceptado esa ruta ceremoniosa de leer versos en tu honor, que ya nadie más puede honrarte, que tu propia muerte por pena que no llegan ni siquiera a cubrirla las legiones de oscuridades ni los llantos Amazonas (—qué bien duele todo esto). Que ni siquiera bastó todo tu dolor, puesto en lo más hondo de ti, voz de un indio dondoneando en los Andes broncos de la eternidad.

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BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).