
Carácter pasivo, o lectores hembra, como se los conoce de revés, periodistas confesos. A menudo el desecamiento neuronal les da para inmiscuirse hasta los 26, aprox, en los libros; lee y lee que te lee, maestros en Ciencias Adultas del Ligue, manoseo y chancho de su raja; las que más tiempo de estudiar hasta la edad de su abuelita son estas mantenidas, perras, borrachas, de corte suicida, eso sí, con su botellita de gamezán en macerado, que bien departen en el Averno de sus Recitales. Color de enrosque intestinal, el rojo traslúcido, ya que este hace juego con la mezcla uniforme que hace la lechada con la sanguinolenta de sus esfínteres, que en escasas ocasiones, hace juego con su vida a cuadritos, con harto kilo de problemas, en Lima La Horrible. Si planean escribir en su cabeza (no sobre la cabeza del flete) una novelilla de un provinciano artista que termina tubeándose a la madre de esta vaca estudiosa, puede que una tarde ficha, la descarguen adosándose un perfil falso con la cara de la Prostichufia, especial en mamadas académicas, pasar revista a todas las pingas en el baño de una disco gay, o, jamás darse un tiempito para salir de la mano con la marimacha que les costea la maestría. Como cagues del oficio, le llamaremos a este hibridinoso (venoso que a gritos ya te hace falta) Mania Cholinas escribe en su cabeza una chovella [La putita no arranca tiempo de sus pliegues, resentida, para chorrear de su concha un puto poema. El dióscuro destino la cribó entregando la merca de chola puga sucia en el Chongo del Milagro (caro epitafio de echarse como caga a recibir pingas delincuenciales). Chúpate ese pito, gay, lesbia, o escritora mental con chancro en la boca.


