10 abril 2011

PERÚ DEL MUNDO: EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

El peruano no agradece.

¡Vaya acto sorpresivo!


Con plomo en las manos,

no reconoce que otra mano pueda pesar menos

que la suya callosa

a punta de envidia entre la más apretadora de las amistades.


Alas, muy largas, elegantes,

para salir despavorido del compañero

que ha caído en la arena movediza de la desgracia

de donde el peruano no se atreverá a sacarlo,

la arena perdida con el pie de las derrotas,

como agradecimiento por haber sido su maestro,

con esto de que al peruano le calza bien la victoria esta

de que el discípulo supera y pisotea a su maestro,

¡por cojudo!


Encuentra, sí, tres pies al gato,

peruanito operado de la vergüenza

y demás pechugonadas de granja;

la caries en el diente del caballo regalado;

los microporos del asfalto acabado de construir

por el gobierno de turno;

la cólera del ingeniero esforzado que cuidaba

no le arruinasen el cemento fresco

de una de las primeras obras de su vida.


Criticón, renegado, maletero;

rajón, inmoral, apertrechado de lo que es ajeno;

perdedor en un 100 a la enésima potencia

del porcentaje casual de sus neuronas

que podrían llegar a la Luna

si se lo propusiera el peruano,

muy en el fondo rendido de su victoria,

el repecho de su bravuconada, el machista

de su payaso impotente ladeado sobre las chuletas jugosas de su mujer insatisfecha,

y las almorranas calculándole la tunda de mañana en la oficina de sentado.


Jode como los gallinazos, el peruano con…,

como las madres,

como las rameras capaces de tragarse hasta el último tronco enlechado de la cola de parroquianos más delincuentes

de mi muladar llamado Perú, con P de Puta.


Peruano,

placera agarrando de las mechas a la frutera que le ha ganado por un huesito de ciruela

en la venta bazofia de la mañana,

peruano con…, peruano bicolor y la inmunda noticia que me trago

al cerrar los ojos para no ver la mugre de la televisión

y pajearme hasta el unánime expiro del derrotado

que irremediablemente perderá en su patria,

hasta la última victoria que le corresponda por derecho de persistencia,

por derecho de cagado,

en su propia patria de expatriado.


Peruano, fercho que se quedó con el vuelto del vendedor de cerveza,

y que conchanmente regresó después de tres semanas “por su vuelto”

y no recibió más que el puñetazo del “para ti no hay cerveza, conchatumadre”,

y el ventanazo de rigor en la cara dura sin rasurar del conchán camionero,

como para que le arda como una rata blanca en el culo,

como para que le arda cual monedazo de mentol chino leopaldo en el ojete.


Perú, presidiario violado

porque la volverá a cagar afuera;

muerto, volverá a recoger su mierda para tragársela

y recaer con la gangrena de estómago,

la contradicción del contador viviendo por las huevas,

poeta que descansa los domingos,

inmoral funcionario,

bosteza mientras sudamos en la cola

con las cebollas puestas en el sudor de la nariz

y demás aditamentos para la pécora de la esperanza bicolor del trabajo más empapelado que la habitación de Bukowski antes de que se comprara el primer Jaguar, fruto de sus derrotas literarias;

mientras el frío sume el cóccix hasta grados atronadores

para la pista de veinte kilómetros

donde por fin te reconozco,

Perú de mis sudores,

de mi biliar rutina tragada cada día

como el pan líquido que no conozco

aunque el peruano

no haga gestos al tragárselo

aun en la misa de su abuelita,

espera, espera se abra el templo

para continuar pudriendo sus huesos apolillados

en una conmoción explosiva

al abrir la tapa del wáter:

inhalar mi país.


No creo que sirva tanto para limpiar

la carroña de su suciedad, el enarbolar, lavar una bandera,

sacarse la escarapela al pasar por una frontera menos lapidaria

que la mano huesuda hundiendo el puñal por la espalda

a la que tanto se empuerca el peruano,

buscando las perlas de sus dientes derrotados,

las flores en el fango que hociquea al permanecer como tantos otros porcinos, gordo, remolón; mientras critica, mientras esputa rabia y rencor, conformismo como su ano operado del tránsito peneal de sus caros inicios de mariconería secundaria.


Patriota, ésta es su nación, su P de puto.

Daría un plomazo a quien traicione a su patria,

a quien ose arrebatarle la cornucopia

de su pericotería en los estados cubículos

atrincherados en instituciones amuralladas de expedientes

largos como su aburrimiento.


Bosteza, perucho,

devuélvese al espejo empañado con raíces negras de telaraña,

peina su calva cerosa ascendiendo con el precio del combustible

y el dolor, y la unción de los Estados Desunidos

al yugo racista de los cholos más choleadores del mundo,

los peruanos.


Las diez de la mañana.

El funcionario entra a calentar la silla giratoria;

en diagonal, ya da las doce del ombligo oficinesco

que ya no puede estirar por esas arrobas de caga demás en el vientre,

los cachetes que le cuelgan de tanto trabajo acumulado

en los anaqueles de su caminito de autoayuda,

un libelo rojo que esconde bajo sus pedos de golosinas entre horas

infectas de sopor burocrático:

Manual para ser el perfecto y peruano perdedor.


La tarde será tan corta como un refrigerio de dos horas,

a una hora antes del crepúsculo del té y galletitas de animalitos,

para no dormirse palideciendo frente a la caja estupidizante de la televisión

marcando estandartes bicolores,

escoltas al paso de más batracios presidentes

pisando la bosta de caballos bien alimentados

con la paciencia de funcionarios pajeros

que creen que la misma modorra

produce más y más bestias curulescas

dando el ignominioso ejemplo

de cómo no debemos ir a la escuela

para aprender a crecer como ellos,

para salir de ahí para seguir cagándola,

como el preso violado que sale

para cometer el doble de sus fechorías,

como si el quid del asunto fuera purgar,

purgar

para salir volando a zurrarse nuevamente en la buena noticia del paraíso:

PERÚ DEL MUNDO: EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS


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BÍO

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Jack Farfán Cedrón ha publicado “Pasajero irreal” y “Vironte”, (2005); “Cartas” y la serie de plaquettes “Al Castor” (2006); “Ángel”, “Las ramas de la noche” y “El leve resquicio del amor” (2007); “Ángeluz”, “La Hendidura del Vacío” y “Series absurdas” (2009); “Gravitación del amor” y “Aves pestañas vaticinando el horror de las lágrimas” (2010). Modera los blogs ‘El Águila de Zaratustra’ & ‘Exquioc’, y edita la revista on-line “Kcreatinn”, en la que prepara un especial a Emil Cioran. Textos suyos han aparecido en “Periódico de poesía” (UNAM, México); “Letralia” (Venezuela); “Revista de Letras”; “La comuna de los desheredados”; “La comunidad inconfesable” (España); “Destiempos” (México) y “Letras hispanas”.