26 agosto 2010

PERSUACIÓN NARRATIVA

Leyes de la narración
Lúcido Boy Palacios

Cajamarca: Martínez Compañón Editores, 2009

Mediante la cita de enriquecedoras pautas narrativas elucubradas por diferentes autores, narradores o no, estas Leyes de la narración encaminan al aspirante a escritor a centrarse en el quid del asunto ficticio, la Persuasión. Lúcido Boy Palacios (Cajabamba, 1965), parte desde esta meca técnica, la persuasión, tomándola como punto de fuga para desmembrar las leyes de la Verosimilitud y el Interés, que a su vez desprenden, a tenor de procedimiento o “cocina literaria”, parámetros como la Estructura, la Focalización, el Estilo, Personajes y Acciones; el Cronotopo, el Ritmo, la Escena, el Resumen, La Visibilidad...
Mostrar y no explicar es para Lúcido Boy, el ángulo de inicio de toda acción ficticia que trasunta veladuras reales, aun si el drama es la pura fantasía, acción y efecto de toda “mentira verdadera”, que significa una buena historia persuasiva; amén del Suspenso y la Intriga que entrañen, como objeto trascendente para el tiempo terrestre desde el cual parte toda historia que engloba un tiempo novelesco con vida y autoridad propias durante los fenómenos tangibles de la existencia maravillosa de narrar, al disciplinado estilo de un autor comprometido con la estética.
Sea cuento o novela: introducción, nudo y desenlace, son los ingredientes básicos respecto de abreviar el proceso fabulador del baluarte literato cuyo fin es valerse de esta herramienta para agradar con las palabras, lo único y esencial con que cuenta, y que, para sustentar la técnica narratológica, el autor cajabambino de este breve tratado, cita una variedad de formas y técnicas que se debieran usar para contar una buena historia, no prestando más valor la forma o procedimiento escogido más que para encaminar la historia, tanto como sí en lo que respecta a someterla al objetivo en sí de la acción literaria, ad hoc para mostrar determinado universo aspirante a verdad literaria.
Abordado con firme apoyo de fragmentos bien construidos, para fines ilustrativos del buen narrar, el señor Boy Palacios, con arduo trabajo y puesta en práctica del enfrentamiento a la página en blanco, pone sobre la cancha tecnicista a los aspirantes a autores sesudos y serios, fragmentos célebres moldeados sobre el yunque literario de reputados oficiantes a la mentira más deliciosa, la literatura.
Mediante el “ojo al guía”, el conductor de este taller ‘De cómo encaminar una buena historia’, en formato libro, durante este pequeño volumen de solícita factura monográfica, buril en mano, nos da breves recetas que a su vez sentaron el estilo de variados y reputados escritores, hoy imitados por muchos seguidores, hasta el hartazgo, en pro de la comercialización de literatura reciclable.
Pligia, García Márquez; el recién desaparecido Saramago, Poe, Sartre, Aristóteles, Roland Barthes, Eco, Besant, Harold Bloom, Bosch, Forster, John Gardner, por citar a la novela como un genero tendiente a la universalidad, que, de la mano de mucho ingenio y el collage de diversas técnicas artísticas, ayuda al autor a tramar, en lo posible, la historia más verosímil que pueda, teniendo en cuenta que el tiempo narrativo, o bien agiliza, o bien torna pesada la trama narrativa.
Finalmente, sin la pretensión de un erudito narratológico, Lúcido Boy Palacios, el autor de esta breve clase técnica del arte de narrar, Leyes de la narración, explica, a juicio de un John Gardner o el maestro estagirita, que, quien mejor nos enseñaría a armar una buena historia, y en lo posible, volverla creíble, es la constancia, la terquedad del galeote enfocado a su trabajo, nada relajado, muy o no a pesar de que el consciente lector sabe que se está asimilando la mentira que hace más emocionante su vida, al apartar los ojos de sus páginas, que se trata de una ficción, “novelesca”.
Finalmente, como quien cita a Gabo, todas las historias habrán de concitar el interés necesario para que, como quien regala un cuento ilustrado a un niño, regalar de igual modo, al adulto, una historia pintada con las mejores y persuasivas palabras con las que su creador la haya escrito; que si no, cabría cambiar de oficio.
Sin duda, —leo en la contracarátula― “un aporte para los apasionados del mundo narrativo”.

2 comentarios:

  1. Jack, me gustó mucho tu enfoque y el desenvolvimiento que trae consigo la obra de Lúcido Boy. Efectivamente, un aporte valiosísimo para la consecusión de la creatividad literaria en cada ser humano, potencialmente narrador por esencia y que necesita, a veces, de un derrotero.
    Un abrazo, Jack, siempre felicitándote por el empeño y la constancia que pones en la literatura. Esa misma constancia de la que hablas en tu post y que nos permite, a tus lectores, apreciar tu crecimiento en este mundo.

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  2. Cada vez que comento una publicación, sobre todo de provincia, y si es recomendable, tanto gusto discernir mi juicio literario, gracias por el elogioso comentario, Wálter.

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Tú nomás ladra, que yo voy delante!

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BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).