27 marzo 2010

No gravitaré para opacarte. ShowBook Gravitación del amor. Marzo26,7:30 p.m.



Linkmagen: Clatyon Cubitt www.artfagcity.com

Buenas noches. No es gratuito el número cabálistico, la divinidad del siete, para soplar las velas de una lírica, que no dudo, abrirá nuevas brechas en este camino New Age de la poesía.
En 1968, se instaura como la biblia del New Age, el best-seller de hippies, jóvenes liberales y soñadores de camisas floreadas y mensajes Peace&Love que marcaron un hito en la revolución de los psicotrópicos y el sexo libre e ideales del encuentro espiritual del hombre, Las enseñanzas de Don Juan, del esquivo y dual Carlos Castaneda, el hijo olvidado de Cajamarca.
Fruto del trabajo de un año, durante agotadoras jornadas de entre dos y ocho horas diarias, no fue puro magma ni catarsis onanista el ejercicio titánico de emprender un diario en 2008, y que recién, a casi a dos años, prende calistenia, para amainar sobre las aguas rociadas sobre el prado celeste de ensoñaciones como dictadas por un profeta calmo, irredento, Job, cuya sapiencia pareciera haberme dictado un estro pleno de certeza en lo de trazar el camino seguro de lo que desde ya, espero, sea una nueva corriente poética, La Poesía New Age.
Desprendidos versos, versículos, y hasta textículos, como inflorescencias de Diente de león, desde aquellas suposiciones nuevaerianas comenzadas por el señor Castaneda, harto ignoradas en la tierra de espinas (que lo vio nacer), como a todo personaje que no se merece el olvido más que de su pueblo, como no de los millones de lectores que hicieron todo un mito mágico de esta vida Donjuanesca, esquiva, espiritual, en el supuesto sentido mágico de que las cosas todas, interactúan tocadas entre sí por una asociación que parte del todo, para, sin dejar de ser la parte necesaria, dirigirse hacia su todo, “el camino hacia alguna parte”, que rozó los límites de la espiritualidad, sobre el borde mismo de lo insufrible.
Gravitación del amor, libro estructurado sobre la base de formato bíblico, integra 61 capítulos y una coda; cada uno regido por el siete, pero no siempre por el seis, cuando a la hora nona, la luz cae en precarios trozos de fuego incandescente, avistado el corredor de fondo enrojecido por su pasión interior que no será extinguida, jamás, por lo adverso.
Inspirado en esa belleza interior que es el arte más completo por antonomasia, la música, y de último, levitar en esa incandescencia de esta corriente musical, la música New Age, estos claros visos neo-surrealistas ya no levitarán más en la inconsciencia, porque claramente se sabe que la simpatética indesligable de la razón es aquella que no sólo rebasa los límites de lo permisible por la realidad en tiempo real, sino que a partir de las ensoñaciones imaginéricas, se dilucidan claramente por el cristal perceptivo de los sentidos, aquellas madréporas con millones de ojos que todo lo ven, que el Tercer Ojo ni el Triángulo Divino, no es casual que emprenda viajes astrales con feliz retorno, el encuentro con uno mismo, que significa tener conciencia de parir con dolor el fruto de un trabajo continuo que no sólo está basado en vuelos surrealistas, gratuitos, que sugieren a un eventual aeda sin mayor responsabilidad que tener un trabajo esporádico, y de vez en cuando, masturbar delirios amorosos en su amodorrado cerebro.
Siendo que este regocijo de escribir, o segregar resinas fragantes para el árbol de la percepción, no es más que retornar a una ilación que no tiene cuándo acabar, el infinito de la continuidad, “las puertas de la percepción” que sugiere esta frase blakeana. Tampoco caer en la perpetuación del género o especie literarios. Más de lo mismo, sería, ya no una exploración a la maravilla sutil de los sentidos, sino más mojado sobre mojado. Así que este fruto de parición sietemesina, tomado como un proyecto que cierra el aquí para emprender otro diferente, me embarco en el ahora, propulsado por vientos diferentes del pensamiento, hacia otros reinos aún no explorados por esa esfera efervescente de ideas, grisácea, que es el cerebro, para, cuando menos, llegar a un porcentaje superior al explotado por científicos y filósofos, harto preocupados por el concepto, la fórmula o la idea, que deviene en cáncer al cerebro.
Porque los poetas también tenemos que explorar la podredumbre, acaso desde la que surge el mismo arco iris, porque bosta que en agua te convertirás, será tu anillo de los siete colores, de los secretos sentidos, una espiritualidad que te retorne a los bajos fondos por los cuales tiene que pasar el ser antes de llegar a la purificación leída en las mismas Sagradas Escrituras, miasmas inagotables de lo que mana, misma verdad, verbo imperecedero de tu sonambulismo lúcido, a ciegas, pleno.
Y cada nuevo proyecto lírico es una experimentación, un viaje diferente que trampea a recrear el sol de todos los días. No ser, en suma, el cantor de lo predecible, idiotizado en una América golpista o fanática de la maledicencia, fruto de bienestar económico para ciertos “periodistas” faranduleros, sino el bardo silenciado de su propio interior en proceso caótico incesante, voz única, inimitable, cuando sí influyente, amalgama perfecta entre un ser esquivo, que no se deja fotografiar por el inicio de cada día, sino que se adentra en sus infiernos psicotrópicos regidos por mielinas interiores con las que lucha hasta sacar de ellas, a seres limpios de toda pesadez o amargura, que siempre debe ser motivo de borrón y cuenta nueva.
Algo que significa salir del averno con la brecha de dolor en un fondo que olvida, mecha en mano, olímpico lírida, adarga sorpresiva presta a derrocar la misma punta de lo caótico del corredor de fondo avanzando aun bajo lluvias deleznables malintencionadas y seres arruinados, ofrecidos a una amnesia convenida para con sus artistas genuinos, los menos cuerdos acaso.
Incansables, hasta ser esa levitación promisoria, esa incandescencia fatal, dadora de una vida sorpresiva que empieza cada día por irle contra la tangente a los vanos juicios endebles que sugiere vivir, regidos por un horario de oficina, bamboleantes, clonados en la serie espantosa de seguir plantados como clones.
Redundar, peces dando vueltas en la pecera que los atrapa, sea la tarea, poetas, paradójicamente a lo que ello significa, encontrando en cada día en serie, el más digno material de infinitas variaciones que en la rutina, inevitablemente, habrán de encontrar, como los Ulises perdidos que siempre regresan a su Ítaca, con la memoria intacta, y los secretos prístinos sin mella.


Muchas gracias

Texto pronunciado con motivo de la presentación de Gravitación del amor, mi último desafuero lírico. A los veintiséis días del mes tercero, Era XX1.

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).