
Encargué en Teta MamotretoStore que les jueguen ejemplares gratis de mi último libro, sobre todo a los indigentes que se ganan la vida en un puesto de funcionario público, quienes jamás dudarían que cagar un libro es tanto o más trabajo que ventosear el asiento burocrático. Hay que ser democrático, hombre; los asalariados tienen que chuparse la plata en un bar los viernes; no hay derecho de quitarles el trago de la boca, por un librito escrito en “los ratos libres”. ¡Das das, a reclamar su ejemplar! Los años verdes han vuelto.


