29 noviembre 2010

LA ABISMADA CRUELDAD


Chrystian Zegarra

Cinema de la crueldad

Hipocampo Editores; Lima

Lejos de que pudiera pensarse al amor como único recurso para encandilar el desgastado ánimo progresista del hombre en ruinas, muchas bifurcaciones detentan un cruel andamiaje, avocarse sin remedio, a expresiones rimbombantes durante una arquitectónica del miedo, lo que por instinto explosivo, a punta de goces anímicos resulta ser el datzibao de la podredumbre interna, que va, paradójicamente, purificándose mientras miramos diseccionarse, no sin cosquilleante crueldad al propio y omnisciente escenificador de la cauda humana en fiebre, el ánimo discernible en escéptico indeciso.
Esto muy bien lo ha confirmado desde El otro desierto (2004) Chrystian Zegarra, poeta inmanente que hacia sus signos fijos tasajeaba ya los bríos del guerrero interno que lucha contra la voluntad débil del espíritu, el típico inspirado. No en vano montañas de legajos se van quedando en el camino, cuyos autores, al bisturí del sinceramiento de críticos incisivos (cuando no indiferentes), ven lo que son sugerencias o modos de trabajo literario, como palizas, que no les dan más bríos de volver a empezar, o si se quiere, perseverar sobre el yunque hasta vadear la forma del arma guerrera, el estado mortífero, de molotov a que debe llegar el instinto expresivo de los vates en estado incorruptible o salvaje, la pateadura literaria.
Que los perseverantes queden, impenetrables, durante este manto derruido y ceniciento que han forjado durante la herrumbre apocalíptica del advenimiento de la lepra como signo de que el canibalismo hará lo propio con la masa remanente de ceros a la izquierda, esos rebaños encaminados a punta y a destajo, por un sueldillo a plazo fijo que les asegura el formateo definitivo de sus cerebros de boñiga, al dar dos que tres pasos dentro de una oficina donde, o vestir estrafalariamente o hablar de temas espinosos como el surrealismo o el talante humano en la poesía de Vallejo, o es un estado catatónico de amanerado reprimido, o bien ese sitio laboral es el equivocado para alguien con lo menos un par de reingresos a centros psiquiátricos.
Y para esos pocos está destinado el sitio maravilloso, de rayar líneas oscuras durante el trazo del mapa inconcluso de nuestros enemigos, arma aquella que nos ha dado el Observador de ánimos secretos, para no emprenderla a empellones y trompadas contra nuestros enemigos, que son la mayoría. Sino ejecutar nómina tras nómina de diatribas en pos mediático (iluso), vulnerable al cambio, inconsciente o no del hombre. Verás que así se te van esos bríos de rabia asesina, y releyéndote descubres cuán fructífero ha sido desgastarse en apretadas diatribas que más tienen del propio enemigo urdidor que del cuadrúpedo en mención que las ha inspirado.
La guerra del tal para cual no tiene cauce. Y es que en cada cinema hay escondido, como un seto críptico, el más blando enemigo, el hombre ajeno, el tercer prójimo, la bestia humana. Uno mismo se revela cuando lee la misma rabia que quedó como por homeopatía trazada a plantilla y desemejanza misma de un ajeno e incomprensible ser que se hacía llamar amigo, ¡piojo endiablado!
Apenas los procesos se cruzan, para dar con el signo ileso de las incomprensiones que en tortuosa rebeldía no sólo dan como resultado el descorrido telón de fondo, tras el cual, surge, enclenque, el fruto de los berridos, las instancias que develándose imprimen en ese circo desalmado de la vana mansedumbre, unos meteoros listos y fletados para degustarse en la más sincera compañía, la manchita de a uno, honrosa soledad en la cual se debaten entre la plenitud del exilio, estos pocos galeotes apenas conocidos en sus tierras que los parieron, aun por una manada delincuencial que acaso es la única cuerda a emular en este mundo de sanos.
Querámoslo o no, durante la más ácida brutalidad, renacen, insurgentes, esos retoños más claros que uno no se los percibía justamente por estar en demasía iluminando esa luz primordial que nos da la normalidad, ir por el camino políticamente correcto, datos expresivos tan crueles para el más insigne carnicero del parnaso subterráneo de la lírica, que de lírica únicamente entrevé su fantasmagoría surrealista, que, música de cauda, nos da la velada ironía de ser incandescentes en cuanto inmersos al interior de la química del vuelo, jugo acre, corrosivo, que al toser de la exegética irónica de las nuevas corrientes vanguardistas, entromete sus lenguas variantes en todas y cada una de las artes, por citar el tomo Cinema de la crueldad, nuestro pretexto escribano de esta e iluminada tarde serrana; referentes cinéfilos, como neo-estructura de soporte del objeto-libro como aporte “objeto”, siempre dando brújula a pequeños o extensos armatostes que se van abriendo paso en la vanguardia de las últimas, noventeras y subsiguientes hornadas de la poesía peruana, paradójicamente, surrealista.
Cada fleje halando la próxima pieza de la bastilla a derruir por estos cuatro gatos combatientes del dolor llevado hasta los reinos sublimes de un artificio elevado, una ironía tal que ya la esparciera Ulysses, Trilce, 5 Metros de Poemas , o, para retroceder poco menos, el mismo Enrique Peña Barrenechea, en Cinema de los sentidos puros (1931), en los que, lejos de las variantes biliares de un Chocano insultando a Vargas Vila, legajillo que le valiera el descoronamiento de su testa de “El Cantor de América”, o a un poeta de la melancolía, gorrionejo del lamento en sudorosos y enfermantes cuartetos dedicados a una tal Sylvya, “que nunca volvió al nido”. En lugar de esas enfermérides vemos a verdaderos mostruos que lindaron en dote expresiva (los maestros del surrealismo antes citado), entre el dolor, siempre el autoexilio para con una escisión más que fina y sugerente, sesgar los reinos más imperceptibles de lo que verdaderamente conmueve y conmoverá la naturaleza humana: romperle la madre a palabrazos.
Materia del descarnado tomo, en el que, lejos de dirigirse a un público selecto, o peor aun, darnos una dosis de moralina, Chrystian Zegarra traduce esos bodegones verdugos, que, emergidos del mismo subconsciente, trazan a calco limpio cómo es o debiera ser la naturaleza humana, sesgada o recreada desde sus mismas fuentes, fauces matarifes, matasanas, microbiólogas, que durante su espejo irreal segregando el polvo del olvido en su cara opuesta, releen su propia necropsia, saliendo vertidos de esos flujos que a días posteriores exhala un cadáver en deliciosa descomposición y materias fecales remanentes, durante el Cinema de la crueldad que a diario nos persigue bajo la fingida entelequia de las cosas, que no es otra cosa que el papel de regalo que cada noche el subconsciente urde —si es que no deconstruye― en instancias fanales de una vigilia obligada a no ser el sonrosado y trabajador sin nada que contar aparte del “Qué tal tu día” roñoso.
Durante la proyección de las escenas de Cinema de la crueldad, ni un quejido, no denuncia, ni una bienvenida víctima que durante el atrio lacónico de lo que podría concentrarse un lector, esta mosca es mía, el velo de puntos impactados sobre la bomba en blanco de una ventana que sólo entreverá estrellas hacia el insomnio sideral de los lúcidos más cansados de quejidos, lirismos y tarjetitas rosa para eventos del más kitsch retruécano de ripios más trajinados, durante este paso en falso, continuados en pompas fúnebres por los cadáveres exquisitos, showman poetry más nefastos, plagando estos valles bicolores de pavos en desuso, en lo que a calidad literaria respecta.
Afortunadamente, los pocos malos de la historia hacen el sentido trágico de la película movida que todos vivimos, y Cinema de la crueldad es una de esas excepciones.

26 agosto 2010

PERSUACIÓN NARRATIVA

Leyes de la narración
Lúcido Boy Palacios

Cajamarca: Martínez Compañón Editores, 2009

Mediante la cita de enriquecedoras pautas narrativas elucubradas por diferentes autores, narradores o no, estas Leyes de la narración encaminan al aspirante a escritor a centrarse en el quid del asunto ficticio, la Persuasión. Lúcido Boy Palacios (Cajabamba, 1965), parte desde esta meca técnica, la persuasión, tomándola como punto de fuga para desmembrar las leyes de la Verosimilitud y el Interés, que a su vez desprenden, a tenor de procedimiento o “cocina literaria”, parámetros como la Estructura, la Focalización, el Estilo, Personajes y Acciones; el Cronotopo, el Ritmo, la Escena, el Resumen, La Visibilidad...
Mostrar y no explicar es para Lúcido Boy, el ángulo de inicio de toda acción ficticia que trasunta veladuras reales, aun si el drama es la pura fantasía, acción y efecto de toda “mentira verdadera”, que significa una buena historia persuasiva; amén del Suspenso y la Intriga que entrañen, como objeto trascendente para el tiempo terrestre desde el cual parte toda historia que engloba un tiempo novelesco con vida y autoridad propias durante los fenómenos tangibles de la existencia maravillosa de narrar, al disciplinado estilo de un autor comprometido con la estética.
Sea cuento o novela: introducción, nudo y desenlace, son los ingredientes básicos respecto de abreviar el proceso fabulador del baluarte literato cuyo fin es valerse de esta herramienta para agradar con las palabras, lo único y esencial con que cuenta, y que, para sustentar la técnica narratológica, el autor cajabambino de este breve tratado, cita una variedad de formas y técnicas que se debieran usar para contar una buena historia, no prestando más valor la forma o procedimiento escogido más que para encaminar la historia, tanto como sí en lo que respecta a someterla al objetivo en sí de la acción literaria, ad hoc para mostrar determinado universo aspirante a verdad literaria.
Abordado con firme apoyo de fragmentos bien construidos, para fines ilustrativos del buen narrar, el señor Boy Palacios, con arduo trabajo y puesta en práctica del enfrentamiento a la página en blanco, pone sobre la cancha tecnicista a los aspirantes a autores sesudos y serios, fragmentos célebres moldeados sobre el yunque literario de reputados oficiantes a la mentira más deliciosa, la literatura.
Mediante el “ojo al guía”, el conductor de este taller ‘De cómo encaminar una buena historia’, en formato libro, durante este pequeño volumen de solícita factura monográfica, buril en mano, nos da breves recetas que a su vez sentaron el estilo de variados y reputados escritores, hoy imitados por muchos seguidores, hasta el hartazgo, en pro de la comercialización de literatura reciclable.
Pligia, García Márquez; el recién desaparecido Saramago, Poe, Sartre, Aristóteles, Roland Barthes, Eco, Besant, Harold Bloom, Bosch, Forster, John Gardner, por citar a la novela como un genero tendiente a la universalidad, que, de la mano de mucho ingenio y el collage de diversas técnicas artísticas, ayuda al autor a tramar, en lo posible, la historia más verosímil que pueda, teniendo en cuenta que el tiempo narrativo, o bien agiliza, o bien torna pesada la trama narrativa.
Finalmente, sin la pretensión de un erudito narratológico, Lúcido Boy Palacios, el autor de esta breve clase técnica del arte de narrar, Leyes de la narración, explica, a juicio de un John Gardner o el maestro estagirita, que, quien mejor nos enseñaría a armar una buena historia, y en lo posible, volverla creíble, es la constancia, la terquedad del galeote enfocado a su trabajo, nada relajado, muy o no a pesar de que el consciente lector sabe que se está asimilando la mentira que hace más emocionante su vida, al apartar los ojos de sus páginas, que se trata de una ficción, “novelesca”.
Finalmente, como quien cita a Gabo, todas las historias habrán de concitar el interés necesario para que, como quien regala un cuento ilustrado a un niño, regalar de igual modo, al adulto, una historia pintada con las mejores y persuasivas palabras con las que su creador la haya escrito; que si no, cabría cambiar de oficio.
Sin duda, —leo en la contracarátula― “un aporte para los apasionados del mundo narrativo”.

27 marzo 2010

No gravitaré para opacarte. ShowBook Gravitación del amor. Marzo26,7:30 p.m.



Linkmagen: Clatyon Cubitt www.artfagcity.com

Buenas noches. No es gratuito el número cabálistico, la divinidad del siete, para soplar las velas de una lírica, que no dudo, abrirá nuevas brechas en este camino New Age de la poesía.
En 1968, se instaura como la biblia del New Age, el best-seller de hippies, jóvenes liberales y soñadores de camisas floreadas y mensajes Peace&Love que marcaron un hito en la revolución de los psicotrópicos y el sexo libre e ideales del encuentro espiritual del hombre, Las enseñanzas de Don Juan, del esquivo y dual Carlos Castaneda, el hijo olvidado de Cajamarca.
Fruto del trabajo de un año, durante agotadoras jornadas de entre dos y ocho horas diarias, no fue puro magma ni catarsis onanista el ejercicio titánico de emprender un diario en 2008, y que recién, a casi a dos años, prende calistenia, para amainar sobre las aguas rociadas sobre el prado celeste de ensoñaciones como dictadas por un profeta calmo, irredento, Job, cuya sapiencia pareciera haberme dictado un estro pleno de certeza en lo de trazar el camino seguro de lo que desde ya, espero, sea una nueva corriente poética, La Poesía New Age.
Desprendidos versos, versículos, y hasta textículos, como inflorescencias de Diente de león, desde aquellas suposiciones nuevaerianas comenzadas por el señor Castaneda, harto ignoradas en la tierra de espinas (que lo vio nacer), como a todo personaje que no se merece el olvido más que de su pueblo, como no de los millones de lectores que hicieron todo un mito mágico de esta vida Donjuanesca, esquiva, espiritual, en el supuesto sentido mágico de que las cosas todas, interactúan tocadas entre sí por una asociación que parte del todo, para, sin dejar de ser la parte necesaria, dirigirse hacia su todo, “el camino hacia alguna parte”, que rozó los límites de la espiritualidad, sobre el borde mismo de lo insufrible.
Gravitación del amor, libro estructurado sobre la base de formato bíblico, integra 61 capítulos y una coda; cada uno regido por el siete, pero no siempre por el seis, cuando a la hora nona, la luz cae en precarios trozos de fuego incandescente, avistado el corredor de fondo enrojecido por su pasión interior que no será extinguida, jamás, por lo adverso.
Inspirado en esa belleza interior que es el arte más completo por antonomasia, la música, y de último, levitar en esa incandescencia de esta corriente musical, la música New Age, estos claros visos neo-surrealistas ya no levitarán más en la inconsciencia, porque claramente se sabe que la simpatética indesligable de la razón es aquella que no sólo rebasa los límites de lo permisible por la realidad en tiempo real, sino que a partir de las ensoñaciones imaginéricas, se dilucidan claramente por el cristal perceptivo de los sentidos, aquellas madréporas con millones de ojos que todo lo ven, que el Tercer Ojo ni el Triángulo Divino, no es casual que emprenda viajes astrales con feliz retorno, el encuentro con uno mismo, que significa tener conciencia de parir con dolor el fruto de un trabajo continuo que no sólo está basado en vuelos surrealistas, gratuitos, que sugieren a un eventual aeda sin mayor responsabilidad que tener un trabajo esporádico, y de vez en cuando, masturbar delirios amorosos en su amodorrado cerebro.
Siendo que este regocijo de escribir, o segregar resinas fragantes para el árbol de la percepción, no es más que retornar a una ilación que no tiene cuándo acabar, el infinito de la continuidad, “las puertas de la percepción” que sugiere esta frase blakeana. Tampoco caer en la perpetuación del género o especie literarios. Más de lo mismo, sería, ya no una exploración a la maravilla sutil de los sentidos, sino más mojado sobre mojado. Así que este fruto de parición sietemesina, tomado como un proyecto que cierra el aquí para emprender otro diferente, me embarco en el ahora, propulsado por vientos diferentes del pensamiento, hacia otros reinos aún no explorados por esa esfera efervescente de ideas, grisácea, que es el cerebro, para, cuando menos, llegar a un porcentaje superior al explotado por científicos y filósofos, harto preocupados por el concepto, la fórmula o la idea, que deviene en cáncer al cerebro.
Porque los poetas también tenemos que explorar la podredumbre, acaso desde la que surge el mismo arco iris, porque bosta que en agua te convertirás, será tu anillo de los siete colores, de los secretos sentidos, una espiritualidad que te retorne a los bajos fondos por los cuales tiene que pasar el ser antes de llegar a la purificación leída en las mismas Sagradas Escrituras, miasmas inagotables de lo que mana, misma verdad, verbo imperecedero de tu sonambulismo lúcido, a ciegas, pleno.
Y cada nuevo proyecto lírico es una experimentación, un viaje diferente que trampea a recrear el sol de todos los días. No ser, en suma, el cantor de lo predecible, idiotizado en una América golpista o fanática de la maledicencia, fruto de bienestar económico para ciertos “periodistas” faranduleros, sino el bardo silenciado de su propio interior en proceso caótico incesante, voz única, inimitable, cuando sí influyente, amalgama perfecta entre un ser esquivo, que no se deja fotografiar por el inicio de cada día, sino que se adentra en sus infiernos psicotrópicos regidos por mielinas interiores con las que lucha hasta sacar de ellas, a seres limpios de toda pesadez o amargura, que siempre debe ser motivo de borrón y cuenta nueva.
Algo que significa salir del averno con la brecha de dolor en un fondo que olvida, mecha en mano, olímpico lírida, adarga sorpresiva presta a derrocar la misma punta de lo caótico del corredor de fondo avanzando aun bajo lluvias deleznables malintencionadas y seres arruinados, ofrecidos a una amnesia convenida para con sus artistas genuinos, los menos cuerdos acaso.
Incansables, hasta ser esa levitación promisoria, esa incandescencia fatal, dadora de una vida sorpresiva que empieza cada día por irle contra la tangente a los vanos juicios endebles que sugiere vivir, regidos por un horario de oficina, bamboleantes, clonados en la serie espantosa de seguir plantados como clones.
Redundar, peces dando vueltas en la pecera que los atrapa, sea la tarea, poetas, paradójicamente a lo que ello significa, encontrando en cada día en serie, el más digno material de infinitas variaciones que en la rutina, inevitablemente, habrán de encontrar, como los Ulises perdidos que siempre regresan a su Ítaca, con la memoria intacta, y los secretos prístinos sin mella.


Muchas gracias

Texto pronunciado con motivo de la presentación de Gravitación del amor, mi último desafuero lírico. A los veintiséis días del mes tercero, Era XX1.

12 marzo 2010

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER (1984)

Milan Kundera

Ahí que la levedad, no como un espacio físico, menos como ruina metafísica que elude al hombre de la simpleza del iluminado, sea, sin el limbo de una sabia experiencia, lo que hace levitar al despierto ya de pacaterías, lugares comunes y la cultura kitsch que lejos de un cariño animal cada día nos convierte en una aureola de sabihondos, de la cual sería difícil despercudirse, aun a costa de abandonar alguna perdida santidad esperando su banca en el parque de playa, al paso rugiente de unos motociclistas embotados de alcanzar sus sueños.

22 febrero 2010

DR. JUVENIL

Razones para llamarte soledad
Juvenal Vilela


Caxamarca: Oficina General de Investigación-Editor. UNC, 2009.

Juvenal Vilela, poeta celendino, pertenece a esos seres escindidos entre una vida laboral y otra artística. En sus inicios literarios ya demostraba una presencia que honraba su defensa con versos más o menos intimistas, en medio de una crudeza por la que estos seres pasan, sino como fantasmas, como bardos descolgados de un lienzo proveniente de un detalle orgiástico de El Bosco. Su primer aleggro andante lírico sucede en 2002, a la vera de una mención honorífica que le daría palco estrecho en el II Festival Patio Azul, del que ya no quedan más que sus piedrecitas azules, que brillan por el uso.
El doctor Juvenil, como me ha venido bien llamarlo estos días de ajetreos en la imprenta para salvar la estética de un tomito cada uno, de entre los más de diez dolores de cabeza para cada uno de sus autores que se presentaron esta mañana en una sola jornada horaria, clamando suene por favor el timbre de salida.
Vilela Velásquez, obstetra de profesión, egresado de la Universidad Nacional de Cajamarca, fungió también como Delegado Provincial del Instituto Nacional de Cultura, entre los años 2006-2007. Promotor Cultural y Jefe de la Oficina de Educación y Cultura, Municipalidad Provincial de Celendín, en 2007. Director del Círculo “El ARTE-Sano”. Luego y durante su primer éxito local, el ensayo también rondaría su estro en estas justas de disímil repartición de talentos; organizados por la Federación de Estudiantes Universitarios de Cajamarca–UNC. Plumas Oro y Plata al Mérito en los “I y II Juegos Florales Aristidianos”, Organizados por el I.S.P.P. “Arístides MerinoMerino”-Celendín, 2003-2005. Y, claro, su espaldarazo que le valió participar en la caída y roce libre de plaquettes, musas jugosas, vinos secos y quesos especiados con hierbas del campo, participando en el V y VI Festival Internacional de Poesía “El patio azul”, 2006-2007, Organizado por el Instituto Nacional de Cultura (hoy patio de piedritas) y Antares.
En 2004, los esfuerzos por llevar a cabo su vocación literaria dan su primer fruto con su primera publicación, conjunto de poemas publicados bajo el título El lado azul de la luna, con el auspicio de la Oficina General de Investigación de la Universidad Nacional de Cajamarca, con su actual mecenas literario, Carlos Rosales Loredo.
Para Marzo de 2006, presenta su segunda producción literaria titulada Danza de mariposas, que es “la órbita de infatigables versos que giran con la premisa de que mientras el perfume del amor esté en la flor de nuestras vidas, habremos de respirar…” —reza jovial, su mismo autor —.
En Diciembre del mismo año presenta Una semana en seis días, antología de poesía celendina que recorre las heterogéneas facturas líricas, cuya voz patriarcal proviene de Julio Garrido Malaver, voz pétrea y luminosa en la poética universal. Acto que develaría su insomne peregrinación por los caminos soterrados de lo que significa ser poeta.
El presente poemario, auspiciado por La Oficina General de Investigación de la Universidad de Cajamarca, dirigida por el Dr. Carlos Rosales Loredo, tomo que ven, es el trabajo constante que ha rendido por fin fruto.
Razones para llamarte soledad, plagado de un lenguaje sicodélico, con texturas que plasman música y ritmo a partir de sucesiones anímicas surgidas en esa compenetración Poeta-Naturaleza. La voz, la ulterior y sombreada palabra, ese sentido por cuyo ambiente surten las sombras, ora húmicas, ora espirales, diseminando primero las ánimas en una calle anegada y verdosa, luego las ninfas, leprecaunts, faunos lascivos, engloban un mundo en el que Juvenal Vilela convive, alimentado de mitos y leyendas rurales, harto maquinadoras de la propulsora creativa, inagotable e inexacta, en un paralelismo y contrapeso entre ritmo y sugestión intimista, la de su poética musical y de torrente. Psicodélica de los colores, adjetivación de la armonía, en palabras aparentemente caóticas, develadas por un alma casi limpia, un pequeño cielo celendino que nos llega como una visita sonriente o como una enamorada lejana, las Razones para llamarte soledad.

[Cueva del Cerro Cajamarcorco, a los diecinueve días del enjundioso año 2010, mes de Febrero. Tierra de espinas]

Muchas gracias

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BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).