18 diciembre 2009

Alg(unos) esperando esa Buena Noche

Imagen: Hun obejo negro

Quizá un día de estos sea, en la presurosa manera de los justos, juntos, el abrazo melancólico, esperando con unos vidrios al borde esferado de sus ojos, solitarios justos en la esquina de un frío, de un rojo, pobre harapiento regalando últimos mendrugos; nariz colorada, imagen siempre pendiente de la abuela trenza recogida; ya en una sala, retrato sepia del tundir de golpes que a uno lo vuelven bueno, ya en el alero de la noche que llega.
Quizá, en borrar las huellas dejadas por los clavos de las malas acciones consista colocarme un trino al ojal, oler a mañana, a giro, destellar cascabeles, ir apareciendo, mago, más constelaciones para que miren los solos, sin bocado, esta Buena Noche, y de ninguna otra manera como las anteriores, negras esferas que a uno en verdad lo aplastan bajo el poste, sin ver deslizarse a la muchacha imposible, resignado.
Por esta vez no me he puesto trágico, ni la frazada hasta las orejas subido; por esta única vez en que me va doliendo la muñeca derecha de tanto haber persistido sin una opinión como pago, en la triste bitácora perdida en ese universo babélico, yo y mis legajos sudados, ponga por fin, de una tachuela buena vez, punto aparte, hacia la posta de otra buena historia.
Sin fanal sin rumbo
Trágico en la cueva sin focos, estrella toca la nariz del Nacido
La tarea consistirá en apreciar el perfil de la corista angelical, sucederme al oído, a ver si ajenos costados palpitan esa Buena Noche, para mí o para el resto de astroso que soy, dibujado en sombras de unas manos delatoras, sabe qué nebulosa agitadora de párpados goteando.
Como que he hecho algo por una comunidad, y digamos que un billete viejo me ha permitido cenar esta noche.
Pensado, blasfemando que nunca más escribiría mi texto anual de fin de año. Pero, sabe, Barbón, uno se queda fino, uno corto se queda de repecho; ya no más entra en el pantalón, ya no más cabe en el rojo estuche de latidos. Uno se sabe angustiado, escuálido, sin rasurar por motivos cadavéricos de una prometida que nunca fue para nosotros. Mejillas hinchadas, ojos vidriosos como los del buey bendecido por la venia que esa noche Jesús le ha condecorado, por ser un ser vivo cumpliendo con encadenarse al destino de Todo, conducido por cada parte viva de que cada cosa nos conduce hacia Todo.
Sin más chicles que morder porque en la tienda de la esquina parpadean más luces, me hacen huir un poco incómodo de unas caritas dulces, a las que tan presto ponga el punto final de este pensamiento, que a boca de jarro, adolorido de la nuca, me he antepuesto a lo contradictorio de silenciarse por terco.
Pensamiento, me aprestaré a aguardarme al oído, siguiente en puntos sucesivos de arena, no conoce caída en el desierto. A lo lejos reconoceré el paisaje: dos dunas cruzadas; habré reconocido al reyecito dorado, acodado en el muro, con su rosa que en verdad está floreciendo ahí todavía.
En la estancia que ahora es muro de tierra, solía pastar una muchacha su cordero, con mi ausente que esa noche la quiso llevar a una corriente muy tibia, a la corriente musical de entrever la noche en su saliva. Desistió mi ausente, ebrio, porque ella, sin dar mayor explicación, desapareció como había asomado por la esquina.
Esa manera de soasar el mendrugo pasado por el humo de las fritangas de la calle Apurimac, esperando por ahí aparezca el regalo que debió desmerecernos; solos, ahojados en un rincón, unas bolas de chocolate celendino derritiéndose entre los dedos, gordos ahora. Los ojos de mi hermana amenazantes, acechando la oscura y venidera estación más melancólica que abordar esta madrugada, anudando en la voz apenas volcada, de bruces en la almohada, los otros sueños, no nos suceden a los esperados esta Buena Noche, nada.
Las entradas del cabello más que pronunciadas. Dolor de nuca, de granos masticados; este todo que año a año se alimenta de mi, cada vez más grueso cuerpo, tan lerdo por la ribera contaminada del río, tan reprimido por esa brisa mojada tocándome el rostro descompuesto.
Llamémosla suerte o lo que quiera, Barbón; dolor de estómago si a usted le place, pero en la lenta manera de evocar la soledad de la abuela, consiste el susurro más claro que al borde del lecho, a oscuras en el cuarto, vencido, regala Estrella guiando lentas palabras de calma.
Más tarde aparecen pequeñas criaturas aladas, lo llevan a uno a los cascabeleos; por ahí, por los algodonados reinos del niño que sentía una especie de melancólica maraña en el estómago; quería, sin embargo, cambiar algo al voltear la cabeza mirando el arbolito de Navidad construido por carpintero Bros. Las luces de a veinte unidades eran más que la suficiencia para una casa alquilada donde era más que novedad hacer una fanfarria de esa fiesta, roja, blanca, de varios colores que voy imprimiendo mientras respiro un frío rico, mojado de tarde hacia las postrimerías agujas diseminando lecho claro, en el bosque, donde datos fantasmas acaecen un andamio, como preclara caja de resonancia, cuando a uno lo invaden malos recuerdos al ver a la gente tan cambiada por estas fechas, tan a tono con toser, mirar al sujeto que pasa cerca con un aire de abrazarlo a uno como a un trapo.
Luego de haber descorchado los vinos, apresurado un canto creativo, parpadeante, la abuela buscará en la forma hueca de la sala del tercer piso esa sombra que la hacía hundirse en un suelo pesado, cargando con los demás muertos sobre sus culpas lomos, que eran quienes la apesadumbraban en la casa con soleras regadas de astros, el pollo frío, un copetín de vino Abuelo para la tristeza por los nietos no habidos; amodorrada manera, ir descolgando vanas esperanzas de cielo de cartón, mientras caen tintineando muchos destellos, de esa zona, desde donde se escuchan risas, luego que todos han desandado el recinto, la caja de resonancia que más se parece a una cosa aquí anudada a deshora.
Luces coloridas parpadearán hasta el alba.

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Constelaciones

BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).