18 septiembre 2009

El canto escondido

Danza finita
Stanley Vega Requejo

Lima: Hipocampo, 2009



Redada que tiende la naturaleza, la apariencia no significa su imagen; existe la pregunta, el virar que urde el humano mientras duerme. No del todo ciertas, promesas, musas-tierra, musas-todo, levitan la voz lírida del tomo.
Quien parte de una muchacha, con el corazón a cuestas en la mochila sin fondo, quien a barro poniente cifra su condena aterrado en la oscuridad que lo llama; he ahí la gaviota prefiriendo alejarse de la bandada, a extender su dominio libertario, danza finita ase su costado rebelde, y lo insufla en la musa de todas las cosas: la poesía.
Hablar de este contemporáneo poeta, autor de estas danzas retornadas a su punto de origen, es quitarme la capa, burilar sobre el pliego silbando su hoja en blanco, más de una leve impresión o un cumplido reseñado.
Hace unas horas que he leído a las volandas Danza finita, vía esa trama-Babel, la Internet, confundido en los laberínticos meollos ficticios propalados por El Memorioso, y he quedado como ayer, más simple que ahora.
Y es que emite una energía blanca su estro que combure cúmulos no borlados al sol, rasando, sin norte, ni tedios compartidos en la asolada atmósfera de cosas.
Alguien que se aproxima con cuidado a las palabras, las abraza con la lentitud de cada jueves; alguien que termina su pucho en la plazuela urdiendo árbol cercado en su círculo de tiza, no puede ser menos que un letrado a sueldo fijo, creándose deudas sobre lo que ya es una tarea más que titánica, pergeñar y pergeñar palabras que lee de una sola tempestad la ventana empañada, sobre el universo de humo, tal la quimérica tarea que se ha escogido estos días vertiginosos el poeta, atestado de deudas, no sin la pesada idea de, al escribir cada día, ir sentando deuda tras deuda, aplazadas en tomos al crédito por los editores.
No como una estrella repartida agradece su destino Stanley Vega, tanto puede que sí como que no, grito deshilándose dentro del espejo, correr contra alguien que se sabe una eterna pregunta, tal que dios es saberse suelto en la idea que no toca; alguna sombra de mar o mujer en que plañir la sonrisa del suicidio. Alguien llueve encerrado en cada una de las huestes del giro; y adorar a la vez, auto-dios sin culpable, la gangrena del dolor que ciertas madrugadas rezuma luz y ahogo por salir de una vez del cascarón, hacia el diluvio, o hacia el perfume del día mojado, como un bello inicio, cada día.
Para ir con cuidado con el volumen trazado de un aliento en tres meses, como un mapa de cuerpo hace ya seis años por el aeda del ‘pueblo de espinas’, Cajamarca, debemos detenernos un poco, entre estas líneas danzantes, finitas; no demorarnos más que el imperceptible y justo tiempo que fermenta al líquido literario, un vago vino catando a los dioses, otra vez poesía.
A esta hora fija en que los signos de la música mundana se borran con el transcurrir de una lluvia invisible, más es lo que demoro en salir oscilante de esta danza, asila al desposeído a la vez que acepta el alrededor, el manto oscuro, la palabra pregunta.
Sé que una vez leídas estas frescas sentencias, queda uno con la sutil impresión de haber paladeado gráciles destellos o koans delineados en el concepto Zen, a interlineas de los textos; lo espontáneo, lo intuitivo, rayos fijos de una precisión que no denota, sino que desborda del punto a la línea, y más bien niega que las cosas en la naturaleza no sean más que lo que parezcan, como si el estigma que dejan fuera la desaparición, el alivio, la trama levitada del descanso; para migrar en la danza, sin más timón que el de las alas despavoridas y la despreocupación hacia el final tan próximo, para componer mi buen tiempo deslizado en la caída de hojas a lo largo de la carretera de los años, de esta vida agitada y crucificada al rezo de todos los días, el poeta, terco, otra indecible vez, el poeta.
Tantas caídas resistidas para resumir que todo cae, sin peso.
Antiguo es llegar al resplandor, que desdice que parte de lo oscuro. Danza finita.

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Constelaciones

BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).