01 mayo 2009

Kafka traducido

No me gusta la prosa de Kafka. Hubiera podido gustarme su manera poética —de haberlo leído en alemán— de abordar el absurdo cotidiano; lo cierto es que mi aversión por las versiones traducidas de sus libros de vocabulario indigente, se debe, —y lo agradezco—, al ensayo de Kundera, Los testamentos traicionados, donde revela cómo han sido despiadados sus traductores (Max Brod, David) al clavarle el cuchillo de “su estilística”, que por inercia no concebía las palabras repetidas en la obra del debilucho de Praga. En esencia, estas repeticiones, esta persistencia rimada, hacía de la prosa de Kafka, justamente esa puesta al margen de la antiestilística que tiene como objetivo un estilo ‘original’ en los traductores, de darnos envuelta su muy tomada libertad para reescribir los libros; eso rebasa los límites de traición a la obra original. Un segundo concebido como un universo, llegó a su epítome en libros como el Ulysses, independientemente de si con el ánimo de lograrlo el autor dublinés haya tenido que recurrir a la parquedad de lenguaje, a la persistencia de palabras que hacen ese tiempo novelesco, que el texto sea lo que es, original, lejos de la ‘estilística’ que no concibe las palabras repetidas en los traductores que sí que se toman toda su libertad al traducir. Lo que hizo de la prosa de Kafka, en suma, lo que es Kafka, leído en su idioma original, es justamente la naturaleza simple de su lenguaje. Al igual que en Hemingway, al igual que en cualquier otro autor de frondoso o parco lenguaje, Kundera censura la manera cómo esa supuesta estilística que opera en un traductor, mutila y hasta cambia ese vocabulario repetido, cuando no el completo sentido fraseológico, dándole un contrasentido que sólo para el mutilador de la obra tiene ‘su propio sentido’. Lo que para los traductores, preocupados por la estilística, es ‘acomodar el estilo’ en un autor de lenguaje indigente, parco, suficiente, no hace más que cambiar el sentido de la obra, la poética de su prosa. He ahí, que para muchos alemanes, seguramente Kafka es grande, pero para un peruano al que le ha llegado una traducción cuidada ‘estilísticamente’, mutilada, no es más que un ejercicio literario sin mucha trascendencia. Así pues, empezaré a leer en idiomas originales; la tarea, por muy ardua que parezca (diccionario en mano), como todo cambio, sí que será un rechinar de dientes, un desgarro; pero qué dolor no surte sus agradables efectos cuando pasa el temporal, el temblor de un deslumbrante nacimiento. La genialidad de un libro reside en leerlos en el idioma original en que se escribieron.

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Constelaciones

BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).