15 enero 2009

Cartas, de Julio Cortázar; Edición al cuidado de Aurora Bernárdez

A manera de cuaderno de bitácora o diario de vida, las más de mil páginas que deleitosamente redactó en estas Cartas Julio Cortázar, dan cuenta de una vida intensamente literaria. En ellas, a guisa de autobiografía —léase proceso de la “cocina literaria” del escritor—, proveía sus lineamientos personales de lo que años más tarde, 1963, fluiría consolidada ya en la obra maestra de la antinovela latinoamericana, y, solapadamente, el cómo escribirla: Rayuela.
Con Presencia, un tomo lírico perpetrado cuando muy joven, entre otros poemas que enviaba a sus amigos en amena correspondencia nutrida de ideales y aspiraciones dentro de un entorno aciago para su crecimiento intelectual, el cronopio demostró ser un poeta brillante y solapado, cuando no un consumado músico, que en El Perseguidor tramó la genialidad de un Charlie Parker y la naturaleza del feeling del jazz.
Sus cuentos son piezas de orquestación, la “música de cámara” de la literatura, mientras que —como él lo manifiesta—, la novela sería la “orquesta sinfónica”, y él hace gala de su maestría en los dos géneros, siendo sus cuentos los más perfectos —después de Poe—, que se hayan escrito en la historia de este género, no en vano tradujo los cuentos completos del atormentado autor de The Crow, de manera admirable, en sus inicios como traductor para la Cámara del Libro de la República Argentina.
Un poema dramático, Los Reyes, firmado ya no con el seudónimo de Julio Denis, respeta a la vez que vulnera la tradición cretense del minotauro. Los tomos Final del Juego, Casa tomada, Bestiario, Las armas secretas y las célebres Historias de cronopios y de famas, eran ya más que la suficiencia alcanzada para un autor que no frisaba aun los cincuenta años, en pleno mar de las luces: París. Maquinada a principios de la década del 60, Rayuela lo consagra como aquel mítico y melancólico hombre alto que confesaba sorprendido en una de sus cartas, estar al borde del colapso y que no le vendría mal pedir ayuda a un par de pulpos para contestar más de un metro cúbico de correspondencia llegada de lectores desconcertados de toda la América Latina, lo que confirmó su sospecha de que Rayuela iba a ser una bomba antiliteraria para el medio. Y hasta hoy no es fácil empresa emprender su lectura.
Cuba, el socialismo, reuniones y viajes por todo el mundo como traductor de la Unesco, la India, el sueño de recorrer Europa hecho realidad, las demoledoras empresas editoriales que dirigía, como la de traducir los cuentos completos de Edgar Allan Poe, la libre manera de perpetrar el ensayo de dimensiones descomunales, Imagen de John Keats, no sólo afianzaron su creatividad y persistencia literaria, sino que con Rayuela se convirtió en un mítico sueño literario “de estos y de otros lados” para las legiones de jóvenes, a inicios de los años 60.
En esta correspondencia, editada en tres tomos, en los que Aurora Bernárdez (su esposa) tardó diez años de apasionada búsqueda y edición, el desconcertado Cortázar hila una afable comunicación con amigos argentinos, e intelectuales de la época, entre ellos: Mario Vargas Llosa, Ítalo Calvino, Alejandra Pizarnik, Octavio Paz, Lezama Lima...su entrañable amigo y editor, Francisco Porrúa, el poeta Paul Blackburn, las peripecias de prueba de galeras de la temible Rayuela, cuyos saltos pueriles de pie de capítulo, inevitablemente nunca nos llevarán al “capítulo que nadie leerá”, esto siguiendo el tablero de dirección que escribió unas treinta veces hasta su forma definitiva. Cartas entrañables, de una sutileza y humor fino, confirman su frescura de ideas que también siguió a lo largo de sus libros. Una espontánea manera de dejar “correr el vasto río de los pensamientos y los afectos” —escribió en 1942— que no debieran ser cartas rebuscadas, “vueltas a copiar” o pensamientos con pretensiones de posteridad, sino más bien una feliz manera de contacto con las palabras que salven las distancias entre los amigos; cartas, el puente mágico que une la ausencia y el espíritu real de los amigos, que los tornan más entrañables.

*Referencia bibliográfica: Cortázar, Julio. Cartas, Edición a cargo de Aurora Bernárdez. 2000. Argentina. Alfaguara. T1, 675 páginas.
En: Kcreatinn Nº 3, Año II, Vol. 1, N° 3, Cajamarca, II semestre de 2008

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BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).