26 diciembre 2008

Feliz Año, otra vez

Domingo 21, final de la tarde
Final de la tarde. Para quienes hemos perdido la poca esperanza, debemos recordarnos que el camino es largo hacia delante. Para quienes abren sus tres puertas de entrada, borrachos, empapados del perfume de la mujer que era tarde alcanzarla, y solos, entre la suavidad de la almohada de espuma, se nos ha pegado un chicle a la espalda, y solos, perfumados, hemos tratado de estirar el puente hasta el año venidero. Las caídas han servido para levantarse con más fuerza. Hemos asimilado las caídas. Nuevas llaves, nuevos kilos, nuevas desesperanzas; una musa a cuya ausencia demasiado presente ya nos hemos resignado. Mi voz es colectiva. Parto de mi persona individual, llego a mi mancha particular, pero llego; desgañitado ya de frecuentes alusiones. Quizás todo en la vida deba, o ya se ha reducido a una inútil llegada. Mucho piano, mucha depresión de Tom Yorker diseminada; Cerati, U2, Coldplay, muchas voces ahogadas en canciones que son un huevo de tristes, pero supongo que bien hechas. Todo esto para que una irreverente tristeza jamás pueda ya invadirnos. ¿Curados, de acuerdo? Lo mejor para ustedes, en esta noche amarilla o colorida, según esté el cielo a esta hora del año. ¿Saben caminar las luces o es que se corren de los ojos? Tragedias, varios metros bajo tierra; amores, muchos de ellos olvidados; y casi siempre solos, pero casi siempre solos, vestidos para la primera copa de la noche, vestidos para graduarnos de vivos una vez más en esta afrentosa vida que a veces tiene sus mágicos momentos. Adiós, Serhumano común y con un soplo de feeling bajo el ala del corazón, con su retraso en el zapato, y un inútil compromiso con el éxito, el reloj de tiempo que ya explota. Me voy a sembrar estrellas en cada uno de los hombres.
Diario (work in progress)

19 diciembre 2008

Una pepa navideña

El tercer post de Navidad. Mauricia no aparece ni por casualidad en un fondo demasiado oscuro para contenerla tan canela. Catálogo de adornos mil, couché. Coronas no se ponen en las puertas de los barrios indigentes. Hace poco me han choreado el jebe de limpiarse los zapatos, cuanto más si campano las puértolas talán como el tarado de familia que limpia las ventanas a una semana de la estafa natividad.
Hay condominios a lo lejos con mucho viento y unos cuantos payasines adornando la escena de los autos nuevos, tras la línea separándonos de los bien, a nosotros, cada cual en su lugar, como debe ser, que estamos siempre mal por esta algarabía de pinos con bolas.
Un poco como que los corazones separan al fondo del estómago su costumbre de henchirse en los abrazos.
Padre vendrá en Diciembre, después de meses. Padre dijo que no demoraría. Desde esa Navidad que no vino, todas se han tornado negras en serie aquí en la casa. Ahora se suma el hermano mayor a la ausencia, a vérnoslas negras.
Conocida alemana enternece la víspera. Pasean por las calles con gente bebida, sin esperar ya más qué decirse. No se abrazan. Ahora vendrá lo verde en las luces. Fumar sea dañino para afinar la voz y soltarle los perros deunave a la gringuita. No es momento, tal vez otro día. Se fue con los colores en sus párpados frescos, inquisitiva mirada Goethiana, inquisitivamente en sus mieles ventanas hacia la paz volcándose y ya. Todo pasa.
Aún no hay espíritu navideño, pero el frío aumenta. Atraca un no sé qué de amargo brindis cuando la botella de champán no se abre, algo de cansancio en las posaderas quedas, pesadas, mole de ochenta kilos sin ganas ya de echarle unas aguas al gañote.
A razón de tres muertos en la familia que me va dejando de esta parte del eco, de este lado de los de acá, aún con cadavérica vida, pero acá de todas maneras.
Una niña me pedirá ese día de guirnaldas, una moneda, o que le compre una caja de chicles. Encendido el fosforito denominado ‘compartir’, sacaré el bolsillo lánguido y roto: “Qué más puedo hacer por ti esta noche sin tiempo”. Servirá el certero martilleo del ánimo para romper con todo este pañuelo sólido apartando los diamantes del rostro esta noche. Ni las summas teorías recalcitrantes calman esto que se hunde y no vuelve, ni volantes u ofertas, ni pomposa asociación de viejas cucufatas dando a los niños apestosos el agua mal hervida con puntitos distantes de chocolate en jarros de fierro desportillado, y su trozo de mendrugo con pasas.
¿Servirá caer ahora? ¿Servirá responderme ahora que la pequeña vida está lejos? Acumuladas teorías, horas recorridas de lectura y nada. No encuentro explicación para este juego de casualidades parpadeantes.
Iré corriendo de bruces hasta alcanzarme de espejos contra la estrella redentora, rotos, hasta alcanzarme en mis diamantes bajando, situados en la venia del burro asintiendo al borde del pesebre. Qué podrá rescatarme ahora que las aguas son sinceras.
El temblor de la aguja en su punto media noche. No tiembla ya. Seguramente alguien tocará la puerta y dirá: “Hace frío, vecino”; —Seguramente, que lo pase usted bien al lado de los suyos. Ni una arañita colgará de la corona maltrecha, en el vano de la puerta de la calle, para disimular en algo la apremiante situación de decirle: “Pase, vecino, aquí hay un par de lugares al menos”. No habrá ya una piedra de solaz en la dureza de los centros. Así es, cada quien en su puente hecho para separar lo que es así y no se puede ir a la izquierda del tiempo.
Enorme duda de que fui acaso la venia del energúmeno dándole al niñito en mención su diamante desde su ojazo brillante, contenido. Al nacer también se llora.
Soportando el sueño antes de las doce, consumadas luces de Bengala a granel, un poco rotas, de todos modos consumando. Pero tan acaparada en los cuencos de las manos, luciérnaga perdida esa noche sobre el banco de cemento, acompaña al solitario que ha salido a tomar un poco de aire bajo chispitas parpadeantes. Y nada. No hay estrella redentora. El remolino negro creciendo en medio cielo. Uno que otro cohetecillo en la intemperie de la algarabía pueril.
El portal vacío de esa pequeña capilla. Párroco dobla sus atuendos, después de Misa de Gallo, y dice: “Mañana siempre es temprano, taitito”. Retira su compasiva mirada del nacimiento, sobre sus pasos lerdos. Las doce. Nada que enterrar en la confusión de los diamantes regados sobre el piso de la parroquia, nítido recuerdo de las lágrimas del piajeno más santo de la Tierra.

Licencia Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Perú de Creative Commons.

Constelaciones

BÍO

Mi foto

Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).