10 noviembre 2008

La sistematización del arte

El éxito de una organización, es el despliegue de todo un sistema; todo sistema implica trabajo, disciplina, se trate de la empresa que se trate: Nike, Coca-Cola, organización cultural, entidad bancaria, civil, religiosa, estatal, amical… Los resultados de una Sistematización del Arte, a través de una disciplina diaria y enfocada en producir obras de arte de buena calidad, bebidas, libros, o cualquier producto, honestamente y con resultados concretos, es lo que se llama tener éxito en determinada empresa; éxito, a lo largo de los años, reflejado en el crecimiento de ésa empresa. Si no hay crecimiento en una organización cultural, por citar un ejemplo, todo el trabajo habrá sido vano; se habrá, íntegramente, perdido el tiempo.
Un escritor que inicia su trabajo con un horario fijo, rigurosa, sistemáticamente, se convierte en una empresa editorial, y dependiendo del caudaloso, mediano o escaso talento que posea, pero más que todo del empeño que le dé a dicha actividad como escritor, o en general, como artista, a la larga esa empresa-escritor o empresa-artista se convertirá en todo un movimiento económico que involucra desde editores, impresores, librerías y hasta piratas. Por citar una empresa, el escritor Mario Vargas Llosa; independientemente de si a algunas personas les gustan o no las novelas que escribe y publica, generando así toda una industria y movimiento económico a escala mundial, toda una industria literaria, de indiscutible calidad. Su trayectoria y su seriedad para trabajar todos los días de su vida, de Lunes a Sábado, de ocho de la mañana a dos de la tarde, lo han convertido en un ejemplo de la Sistematización del Arte; loable ejemplo, digno de ser emulado por los demás intelectuales del planeta, y más aun, de su natal Perú.
A lo que enseguida voy. Para poner un ejemplo concreto y sin ir muy lejos. Desde que tengo uso de razón los escritores en el Perú no han sido, digamos, los mejores ejemplos de esta Sistematización del Arte de la que hablo. Siempre he escuchado que han muerto en la miseria, endeudados, enfermos, y esos detalles se han seteado en mi mente como que el arte nunca ha ido de la mano con el dinero; indicio que podría cambiarse generando escuela, la escuela que se haga partiendo desde los años iniciales de educación, incidiendo con mano dura en la época secundaria, y afianzándola en el alma mater, con férrea disciplina. Me refiero a la escuela a instaurarse, la Sistematización del Arte, la rigurosa disciplina del trabajo, del esforzado autodidacta que no necesita más que los mejores amigos, los libros, y, claro, la infaltable guía de buenos Maestros, liberados de cavernícolas prejuicios, maestros que no censuran verdaderas obras de arte revolucionarias, (estéticamente hablando) libres ya de retrógradas teorías sustentadas aun en el ábaco y el estilo. Vernos ante todo, no como aficionados que escriben en sus ratos libres ni mucho menos. Kafka escribía en sus ratos libres como empleado en una oficina. Pero no veamos al autor de La metamorfosis como un ejemplo a seguir, que el genio se hace con trabajo, el genio no nace.
En el Perú hay varias organizaciones culturales, legales o no, grupos de artistas que se reúnen a charlar a veces, en calidad de amigos, poetas de domingo, como se dice, un buen fin de semana, con unos tragos y unos cigarrillos. Pero de ahí a que se esté gestando algo serio, lo dudo.
Ha habido uno que otro escritor, que, hay que reconocerlo, ha producido obras de buena calidad; pero que no necesariamente han sido sistemáticos en su trabajo. Y no me refiero con esto a que determinados hábitos de alcohol o drogas les hayan restado calidad a sus trabajos, a sus productos; simplemente quiero con esto decir que nunca les interesó ver al arte o la literatura como un trabajo ordenado, debidamente obsesivo en los detalles, trabajo continuo, ‘sistemático’, serio; lo que trajo como consecuencia de que a su desordenada industria literaria no la llevaron paralela a un debido y necesario orden y respeto por el arte, su sistematización, y al final la miseria ‘les pasó factura’ por cierto libertinaje en sus haraganes métodos de trabajar o frecuentar bares, o en el peor de los casos, cementerios de domingo.
Sin el ánimo de menospreciar a las afables reuniones amicales de aficionados y a las reuniones post-culturosas que terminan rociadas por ingentes cantidades de alcohol, sahumando el infecto ambiente de tertulia con cigarritos de esos que hacen reír, en conocidos locales de bohemia. Francamente, este tipo de malos hábitos ha degradado y sigue degradando a los artistas y escritores, tanto moral como artísticamente; los ha convertido, echados en su propia e infecta tumba decadente, en parásitos del arte, y como por gravedad, en eternos diletantes, perdedores. Y nadie podrá cambiar eso, seamos honestos; nadie puede cambiar a un ser humano. Ésa vaga forma de perder el tiempo los ha sumido en una rutina del ser dividido entre lo laboral y lo artístico, grato descanso que bien se merecen, después de toda una semana de jornada de asalariado que escribe ‘en sus ratos libres’, hábito como de diario de quinceañera, que se hace en el resto de tiempo que quede. Claro, se puede hacer, dividirse el trabajo de artista y asalariado, eso no lo dudo, así como se puede seguir una carrera universitaria ejerciendo a la vez la digna labor de padre o madre de familia, pero que demanda, pues, un mayor esfuerzo, que bien podría evitarse siendo o bien frío o bien caliente, jamás tibio, Dios me libre; dedicándose exclusivamente, si uno corajudamente se decide, a ser escritor, pintor, actor, cachivachero, pero exclusivamente dedicarse a esa actividad, bien hecha, s-i-s-t-e-m-á-t-i-c-a-m-e-n-t-e.
Si se quiere ser, como he dicho líneas arriba, una industria-escritor, o industria-artista, que comprometa a determinado aparato económico de una sociedad, que cree a partir de esa actividad cultural, determinada máquina capaz de producir con la calidad que el arte se merece, pues, no queda otra que ponerse a trabajar.
No tengo nada con los grupos artísticos u organizaciones culturales, pero lo que sí increpo es que hasta hoy no veo resultados de considerable impacto social en colectivos artísticos que no hacen escuela, sino que sólo pierden el tiempo, excepto honrosas excepciones, que las debe haber, supongo, y dudo.
El camino del arte continúa dentro de su tumba decadente, si es que se lo sigue teniendo en el empolvado concepto de ‘espacio de pasatiempo’ ‘de fin de semana’, mero pretexto para exhibir coloridas y brillantes colas en convenciones de pavos reales, engalanando reuniones de salón, tiempo que necesariamente debiera aprovecharse en el verdadero oficio del escritor, del artista: trabajar. La tarea es dura, señores. Grandes convenciones de egos nunca dieron buenos resultados, no los han dado, no los darán jamás. Sólo putrefactos resultados de una decadencia del arte que ha restado vidas que prematuramente cayeron en la trampa del desorden, del vicio, de la haraganería, y la escasa seriedad con la que ven esos parásitos al arte, que debiera ser una pequeña, mediana o gran industria, oficio sistemático que nada o casi nada tiene que ver con la inspiración.
El producto final de calidad: el libro, el cuadro, la escena, el disco, bien hechos, a punta de trabajo, de sistema. ¡A trabajar!. El arte es un producto; sus productores, los artistas, los únicos responsables de su calidad o detrimento.
No tengo nada contra los artistas, ni con sus reuniones de domingo, mucho menos con sus vicios o sus hábitos; si son malos o buenos, chinos o negros, homosexuales o heterosexuales. Me importa un bledo su vida. Finalmente el producto es lo que importa. Que esa vieja sentencia de Picabia no siga siendo cierta: el arte concebido como “un producto farmacéutico para imbéciles”. Sería mejor respetar al arte a través de su inmediata sistematización y disciplina. Órden, Sistematización del Arte, maestros, que al menos en mi país, urge, y bastante.

1 comentario:

  1. Acaso quieres llevarte tan facilmente las palmas, sin duda eres un megalomano, te adoras a ti mismo. Eres arrogante, en fin si eres tan bueno por que te revuelcas en tus fracasos.
    Alguien con tu talento y que escogio vivir de la literatura estaria en otra condicion.
    Quien es el perdedor. Bueno esa pregunta solo la responderias tu.
    Bajate de tu nube.Francamente eres patetico.
    Obviamente no publicaras esto.
    No creas que te tengo miedo.
    Es mas si me conocieras me tuvieras miedo.
    Pobre fracasado. Bye imbecil

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).