25 mayo 2008

DIÁLOGOS BORGES/SÁBATO, compaginados por Orlando Barone

El viejo reproductor hace girar el cassette en donde quedan grabadas las voces de dos mentes lúcidas: Borges y Sábato. Por común acuerdo, obviaron la política en estos diálogos, la mayoría acontecidos en la casa de la pintora uruguaya Reneé Noetinger, amiga de ambos, mientras en el edificio de al lado moría la mamá de Borges. Alguna vez también se dieron cita en un bar de Maipú y Córdoba, rodeados de incrédulos espectadores.
Sábato dijo que los periódicos deberían salir cada año o cada siglo, ya que no ocurre nada importante en las noticias que se dejan leer en ellos. Borges acotaba al respecto que los periódicos envejecen tan pronto como ya se los ha leído, que no empleaba su tiempo en leerlos y que la política no era de su interés, ni la última literatura latinoamericana. Borges no era muy aficionado a la música contemporánea, pero alguna vez le hicieron escuchar The Beatles, con lo que quedó enternecido. Para Borges un cuento no debía señalar nombres de lugares reales, para que los lectores no cuestionen o encuentren errores en la obra. Una emoción intempestiva desencadenaba un cuento –confesaba–, como en esa precisa economía verbal que exige La Poesía; en cambio Sábato veía en la novela –como Joseph Conrad–, a un África remota, a la que había que ir desvistiendo con el avance de una barca en las oscuras aguas de un mar intranquilo, como separando de los ojos la niebla. Sendos juicios del mecanismo de escribir de los dos argentinos más notables que la humanidad ha producido.
Alguna tarde de sábado en que la madre de Borges contaba ya sus últimos días, a los 98 años, ambos escritores desvanecían su congoja, como un llanto de palabras que se deslíe en atmósferas de sueño, en el viejo recinto donde la copa de agua parecía esclarecer el enigma de Dios en Borges, y el vaso de whisky de Sábato rememoraba un letargo de palabras dulces, donde un loco podía ser un Dios que sueña despierto, y un mendigo una persona despierta que lamenta ser cuerdamente mundano.
Siete sesiones pactadas por Orlando Barone (Buenos Aires, 1941) –el compaginador del volumen–, hacia el verano de 1974/75 –Borges contaba 75 años, Sábato 63–. El libro se editó por vez primera en 1976 (Emecé) y en poco tiempo agotó una primera edición de 10 000 ejemplares y dos ediciones continuas. Veinte años más tarde una reedición llegaría a nuevas generaciones de lectores. Una nueva edición circula desde marzo de 2007.
Aún parece girar en el recinto el reproductor de cassettes antiguo, aun para la época, como evocando ciegas conversaciones que suceden a un infinito de citas célebres. Obsesiones, lecturas comunes y reflexiones en torno a la idea de Dios, el arte, el tango, pintura, cine, la muerte, la lúcida locura. Una empatía comunicativa poblaba el ámbito de las conversaciones, esa serie de diálogos signados por la divinidad cabalística del número 7; diálogos de los que han dicho contados insensatos, que fueron inventados, mas cuando uno se compenetra con el tomo, reviven las lúcidas voces de estos dos seres míticos, que como dos almas flotarán al encuentro de sus palabras inmortales.

*Referencia bibliográfica: Barone, O. (compilador), 2007. Diálogos Borges/Sábato. Emecé Editores. Buenos Aires-Argentina. 216 pp.
En: Kcreatinn, Año II, N° 2, Cajamarca, I semestre de 2008

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BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).