05 octubre 2007

Primera visión de la poesía

A la primera visión de la poesía, sucumbí ante la melancolía de un sueño. Ese sueño es algo que habría deseado toda la vida: una mujer alta y esbelta, rostro lácteo y grandes ojos negros, que apareció sentada en un río de plata, escogiendo piedras preciosas y colocándolas una a una en un canasto de oro, en un rezo callado que detenía cantos provenientes de los bosques; no miraba a algún lugar en especial, ni a mí; no hablaba, pero su silencio era todo cuanto debía percibir para llegar a lo que los enamorados llaman felicidad. Ese sueño sucedió ya hace doce años, fecha en la que empecé a tientas, a escribir mis primeros versos de amor, pequeñas impresiones sentimentaloides que guardaba celosamente en el cajón de la mesita de noche.
Siempre era un sueño encontrarla; podría decir que aunque no fue mi primer amor, pero algo se detenía en mi vida cada vez que la encontraba por los pasillos de la universidad. Su andar lento, su cuerpo esbelto y una mirada que emitía luz, ternura, una penosa alegría. Eso, al menos, creía yo que era el amor.
Han pasado ya 12 años desde que plasmé el primer verso en un fajo de hojas engrapadas, allá en los recovecos románticos que transmitía mi vieja alma mater. El sueño de poder acercarme a ella un día y recorrer juntos los jardines del campus, el de caer silenciosamente abrazados al césped, como dos perros jóvenes jugando al primer amor, era lo que mantenía viva la llama de mi poesía. Y esa llama aún no se ha extinguido. Pero elegí el camino más escarpado, creo yo, el más difícil; eran dos opciones: ella de carne y hueso, o ella poetizada, musa inmortal en los cuartos del dolor sublime; y creo que aunque no llegué a buen puerto, al menos estaré siempre bien conmigo mismo. Era como elegir entre caer eternamente al averno o volar unos instantes y tener una caída mediata, temporal, cuyo término no me llevaría a lo sublime. Naturalmente para algunas personas, todavía los sueños son parte de una vida. Elegí la eterna caída sin ella. Todo ese trecho ha sido hasta hoy como estar en una isla y sumergirse al mar en busca del dolor de ahogarse, y a la mitad del camino, ella; siempre ella iluminada, lenta, silenciosa. Pero todo llega hacia algún lado. Hasta aquí fue; el sueño acabó, cuelga las botas; la practicidad es lo prudente; no se vive si se duerme, mas aun si se sueña; el mundo es para los que trabajan, no se aceptan devoluciones; cada cual con su destino. Seamos prácticos.
“El amor es la manera de ver las cosas tal y como no son” -rezongaba Nietzsche- ; para el caso no sé si lo que yo veía era o no era; para el caso creo que fue un sueño que miré despierto, un estado atemporal de locura que como lo sostenía Kant, citado por Freud, “el loco es un sujeto que sueña despierto”. Tal parece que a ella no se le cruzó nunca algún instante de esa locura supuesta, ya que sólo se limitaba a seguirme con la mirada y hasta a veces creo que se le escapó una risita burlona; eso creo haber visto, ¿o soñado?
El ejercicio creativo se inició en mi vida gracias a una musa, y hasta hoy no se ha detenido. Creo entender mi naturaleza. Nunca dejaré de escribir. Desde ese entonces ellas, las musas, siempre han gobernado mi manía de soñar despierto.
El destino no es casual; es, decididamente, un acontecimiento planeado por los dioses, los que se esmeran por hacernos la vida difícil, pero no es del todo un infierno la vida del que sueña despierto (el poeta); digamos que es como estar todo el tiempo sumergido en agua tibia, digamos que el quemarnos de a pocos en este infierno en donde fraguamos y vivimos historias de amor, es una opción que hemos elegido, desde la primera palabra, desde el primer verso. La máquina no se ha detenido. Podrán no haber ya más musas, pero la poesía nunca detendrá su cantar silencioso.

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BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).