05 octubre 2007

Dar es dar

Algo que nos caracteriza a los seres humanos es el afán de sociabilizarnos y de solidarizarnos ante los desastres naturales. No existiríamos si no estuviéramos acompañados y si fuéramos totalmente egoístas. No concibo la idea de una persona totalmente hermética, antisocial y avara. El diablo mismo, de existir, se daría un espacio en el corazón, para, de alguna manera, compartir. De hecho la maldad es maldad por el acto mismo de compartir. Los drogadictos comparten su cachito de marihuana, unas líneas de polvo; los alcohólicos comparten su alcohol, los neuróticos sus demonios interiores, las putas su sexo. Todos compartimos. No existieran los alcohólicos si no existiera el acto mismo de compartir. Compartir, de alguna forma es un vicio, un vicio propio de los seres humanos. Hasta las propagandas de cerveza toman como carnada el acto humanitario y amical de compartir. Como que el compartir es un pretexto para la sociabilización del ser humano, para sendas borracheras que tienen como prolegómenos el acto de compartir. Este artículo no sería nada sin el acto de colgarlo para el mundo en este blog, para que los demás lo lean y así se establezca el acto de comunicación a través de los comentarios buenos o tendenciosos.
Nuestros padres compartieron sus sexos al hacernos, de esa manera no sólo disfrutaron fabricándonos, sino que también contribuyeron con una oveja más para el redil.
El acto de dar es un acto de entrega, que puede ser total o parcial, según la voluntad de los hombres; el acto de dar es el resumen de todo el amor, el principal pretexto de la vida.
Los amantes se entregan de manera total, los padres entregan a los hijos todo lo que está a su alcance. El pastor cuida el rebaño. No somos únicos e imperecibles ni invulnerables, dependemos de alguien y alguien depende de nosotros.
La vida que fue un soplo y en polvo terminará, fue un acto solidario, de entrega total. El mal cuyo introito fue el acto de Eva de dar el fruto prohibido a Adán, tiene, de alguna manera, algo de solidario.
Pero ¿por qué necesariamente necesitamos ser solidarios en tiempos de devastación, de desastres naturales, de caos? ¿Es que Dios nos tiende cada vez una trampa en la que caemos redondos, culpables, arrepentidos, para así poder solidarizarnos, humanizarnos con el prójimo? A veces me pregunto: ¿Si todos fuéramos solidarios sin que fuera necesario una desgracia, una catástrofe, ocurrirían las devastaciones, la destrucción a pausas del mundo que a veces nos manda El Barbón? ¿Estamos regidos por un creador que nos da lecciones esporádicas para poder reaccionar ante un mundo dividido, sectorizado, estratificado social, política, económicamente? Para muchos no-creyentes, un terremoto, por así decirlo, es un desastre que ocurre porque tiene que ocurrir, no por algún castigo divino. Pero ¿Han observado cómo cambia la gente ante los desastres? ¿Han observado el acto total de desprendimiento, de apoyo económico que llega de otras naciones para el desvalido, para el damnificado? ¿Es que estamos aprendiendo alguna lección? ¿De quién? (para los que no creen en Dios) Estamos pues ante un signo que predice que algo tiene que cambiar en la podredumbre del mundo, estamos convencidos de que el hombre es todavía como un niño que recibe ordenes y es aleccionado por un superior, estamos convencidos de que necesitamos un desastre, una devastación, el detonante que haga reaccionar a ese corazón enfermo y encallecido que es el egoísmo, para así experimentar una cosquilla, una chispa en los ojos al dar, más que al recibir, al dar anónimamente, sin acuse de recibo, al dar la sangre o las lágrimas, pero de algún modo, dar; dar para no recibir nada a cambio, dar por el simple acto de dar, no porque de alguna manera estemos aprendiendo la lección de El De Arriba, que de alguna manera puede ser o no cierta.
Debo reconocer que un terremoto, por así decirlo, es, reconozcámoslo una lección del manejador de rebaños. Reconozcámoslo, un desastre natural, no es sólo una acción que ejerce el tiempo en los destinos proscritos a las desgracias, un desastre natural es el pretexto que nos da Dios para hermanarnos y darlo todo y sentir esa cosquilla en el corazón que hace brillar la chispa del amor en los ojos de los hombres.

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BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).