05 octubre 2007

César Moro: “La palabra designando el objeto propuesto por su contrario”

La creación de obras de arte bajo el influjo o dictado del real funcionamiento del pensamiento, –automatismo psíquico–, es lo que en 1924 André Bretón en un sendo manifiesto acuñaría bajo el término de surrealismo. La acción torrentosa de la sinrazón, manteniendo firme la convicción de que la libertad de expresión se sustenta en un desenfreno inusual del reverbero cerebral, es, para muchos, fuente de las más preciadas obras de arte. Por citar un ejemplo mito–paranoico, el genio español Salvador Dalí.
El volcar pensamientos que suceden como en un sueño, sin un orden establecido, sin lógica, y que provocan de la manera más deleitosa, sensaciones que superan al éxtasis, es la acción automática del cerebro, el “automatismo psíquico”.
A partir del surrealismo se han empezado a desarrollar diversos modos de expresión, todos ellos partiendo de una ruptura, no sin un previo dominio establecido de la técnica, porque el rompimiento de las formas clásicas de la poesía tiene como pilar fundamental el dominio de la técnica. Así, Vallejo fue en Trilce, “surrealista antes que los surrealistas”; Joyce en Ulises muestra una narrativa compleja, que quiso imitar el real funcionamiento de la mente. En el monólogo del último capítulo del Ulises, exento de signos de puntuación, Joyce desarrolla una intromisión psicológica en el cerebro de Molly, la esposa de Leopold Bloom; Molly, aquel personaje con defectos como cualquier mujer mortal, aspiraciones y las más candentes fantasías. El desarrollo de este personaje fue un verdadero reto no sólo para el autor sino para las legiones de lectores que hasta hoy consideran toda una aventura intelectual el leer y entender el Ulises; entender el Ulises, aventura que no recomiendo, ya que es tan complejo como su lógica con la que fue concebido: la sinrazón.
El surrealismo de César Moro. Moro, quien parte a París en 1925 portando consigo un espíritu de rebeldía intelectual frente a un orden establecido, es sin duda el poeta más representativo de esta corriente en el Perú. Para Moro un general de la milicia podía ser hermoso como un vendaval; un muro de agua iluminada podía desvanecerse al influjo del sol al atardecer, y su mismo cuerpo sucumbir ante una realidad cruda y trastocada, lagrima a lágrima en un mundo de olvido. Imágenes limpias las de la poesía de Moro; una fauna vigorosa en un caos constante por mantener un paisaje torrentoso. La fatalidad marcada en su destino, ser un poeta fuera de serie, era como su espíritu, rebelde y solar; preocupado por romper esquemas y ante todo, defendiendo cualquier acto humano artístico que opuesto a la muerte constante del espíritu renovador del hombre, evitara su declinación. Pintor, poeta y lúcido intelectual, César Moro fue un ícono del surrealismo y su obra recién se difunde tras su muerte, sucedida en 1956. Un surrealismo vigente el de Moro y bajo el influjo de una voz muy personal, la que fue construyendo a base de emociones explosivas, detonantes; una pasión solar que fue incomprendida por el entonces institucionalizado surrealismo, dirigido por André Bretón en los años 20. Tras abandonar esta corriente del automatismo psíquico, el surrealismo, César Moro vira su expresión hacia formas poéticas más concisas. Deja atrás la lógica deliberada basada en una exacerbada expresión automática, laxa de sentido lógico, la propalada por el surrealismo, y cambia su poética por una lucidez avasallante, plasticidad de imágenes y una economía de las palabras más sólida y sorprendente, la que apreciarían sus lectores en el Perú, en revistas como Las Moradas, dirigida por su amigo el poeta Emilio Adolfo Westphalen.
Desde la aparición póstuma de su obra maestra, La Tortuga Ecuestre, en 1957, tras su muerte, el Perú recién empieza a tener contacto con el surrealismo. A excepción de esta obra, las demás estuvieron escritas en francés y es en el año 1980 que se publica en el Perú la obra completa del poeta, cuando recién se constataba que se había mantenido silenciado un ícono de la poesía surrealista, mucho tiempo exiliado en París y México. Aquél personaje que bajo el disfraz de profesor de francés que dictaba clases en el Colegio Militar Leoncio Prado, aquel menudo y rubicundo hombre de mirada transparente que soportaba burlas obscenas en torno a su preferencia sexual –Moro respondía ante las burlas de estos milicos adolescentes, con cierta ironía; aspecto que hacía desistir a los reclutas en el intento de mortificarlo–.
Después de las clases de francés, el espigado poeta volcaba toda esa rabia en la inmensidad de su habitación, solo como un extranjero enloquecido dentro de una casa vacía, en el suave refugio de la poesía, lejos del horizonte del mar. Es ahí, en la soledad de su cuarto donde evocaba momentos de rabia y de amor uranista, plasmados en sublimes versos deliberados bajo la influencia de una energía mental que media entre el sueño y la vigilia automática.
Los breves y contados libros que César Moro publicara en vida son: La Chateau de Grisou, 1943; Lettre d´amour, 1944 y Trafalgar Square, 1954, a parte de algunos poemas para revistas que él consideraba honestas.
Tras la muerte de César Moro, ha quedado en el Perú un legado poético jamás igualado y su poesía es y seguirá siendo un reto para la mente y el espíritu, “Un grito repetido en cada teatro vacío a la hora del espectáculo inenarrable”.

Citas

lagrima a lágrima en un mundo de olvido”. (César Moro)
solo como un extranjero enloquecido dentro de una casa vacía” (César Moro)
Un grito repetido en cada teatro vacío a la hora del espectáculo inenarrable”. (César Moro)
horizonte del mar” (Gabriel García Márquez)

*Referencia bibliográfica: Moro, C. 1980. Obra Poética. Lima-Perú. INC.

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BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).