05 octubre 2007

Chicha macerada con mano de muerto

La chicha de jora es una bebida que se originó en el imperio incaico, en el antiguo Perú. Su modo de prepararla es hirviendo el maíz y cebada machacados que previamente se han puesto en remojo para que germinen (jora); para después dulcificar la infusión con chancaca, una masa de dulce de forma cónica, de color marrón, fabricada con el jugo de caña de azúcar, en los trapiches de los pueblos de la costa y yunga peruanas. A los ocho días de fermentación está lista para tomar. A más días de fermentación, su dosis alcohólica aumenta. Hay chichas muy antiguas que se tornan transparentes.
La chicha acompaña las comidas de los campesinos en las mingas o faenas agrícolas comunales, también los retozados jolgorios carnestolendos con chinas rebosantes y jugosas, prestas al ataque, en los pueblos de la sierra peruana; se bebe también a lo largo y ancho de nutridas fiestas patronales en pueblecitos rodeados de cerros, que parecen retumbar con la alocada y ensordecedora detonación de las docenas de cohetes donadas por los padrinos de las fiestas, los mismos que son recompensados con gallinas enteras asadas o cuyes cruzados en mate.
Hay otros tipos de chicha, que la preparan de manzana, de yuca, de membrillo, de zanahoria, y de lo que sea. En las cárceles, por ejemplo, como está prohibida la venta de licor, los presos se las ingenian para preparar chicha de todos estos frutos, pero mayormente de arroz, a manera de un sake peruano.
En alguna esquina perdida entre la niebla, hay una viejecita que prepara chicha de jora que macera con mano de muerto. Dicen que es más trepadora y deliciosa y que hace alucinar al que la ingiere. Normalmente el ebrio se sueña corriendo en un verde prado, niño, feliz. O bien, adolescente, tomado de la mano de la novia, que no para de mirarlo. Todo esto en una atmósfera neblinesca. Los sueños que produce la chicha macerada con mano de muerto pueden ser también alucinatorios. Perros y dragones que asolan campos salvajes; bestias polípodas con varias cabezas emergiendo de un mar grisáceo. Si uno ha bebido demasiada chicha macerada con mano de muerto, entra a la etapa del delirium tremens. No grita, no puede llorar ni hablar; vienen unos encapirotados seres vestidos con túnicas plomas y te tunden a palos y te violan; luego, cuando estás inconsciente por la tremenda paliza, te destapan y te esparcen toda clase de gusarapos por el cuerpo, como arañas, cushpines, chanchitos de la humedad, tijerillas y caquitas de pajarito malagüero. Es así, es el precio de una borrachera excesiva con chicha macerada con mano de muerto, flotante.
Dicen los borrachos experimentados, que la chicha macerada con mano de muerto da diarrea. Yo no me atrevo a beberla por ese detalle, ya que no soportaría ir cagándome en plenos asuntos laborales; sería como una pesadilla.
Me pregunto cómo llegó esa mano de muerto al urpo donde flota, ahogada, desprovista de un cuerpo inclemente que vaga por quién sabe qué purgatorio. Seguramente –imagino- algún estudiante de medicina misio se la vendió a la vieja. Según datos orales, esa mano de muerto sale por las noches, después de las faenas etílicas, a dar de beber a algunos borrachos que se han quedado dormidos fuera de la chingana, en donde la viejecita se para todas las tardes a esperar a los borrachos de siempre. Esa mano de muerto, ya marrón, pero no podrida, dotada aun de sus carnes aflojadas, casi descompuesta, sumergida en el urpo de la pequeña chingana en esa esquina perdida entre la niebla; esa mano que llegó morada, sabe Dios a qué edad cercenada
No puedo precisar cuánto tiempo ha estado esa mano de muerto sumergida en el urpo; pero ha de ser desde que la vieja estuvo joven; porque yo lo he oído de bocas mayores, que tampoco se han atrevido a beber la chicha macerada con mano de muerto. Intuyo las razones. En todo caso nunca me atrevería ni siquiera a entrar a la chingana de la vieja, pues temo por mi cuello, cuando sueñe con esa mano de muerto, flotante en el urpo de chicha.

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BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).