11 febrero 2019

A TI, QUE FUISTE EL LUGAR DEL AMOR, por Jack Farfán Cedrón




Para Alejandra Pizarnik


Imagenhttps://es.wikipedia.org/wiki/Alejandra_Pizarnik



A ti, que alumbraste cada objeto que el mar cubrió incesante

Hasta dar una rama de manos que el oleaje duda cada estruendo

A ti, que en el rasguño del resucitado o en el alarido de quien se salva de una improbable pesadilla

Has despertado

Luego de todo

Luego de que la furia ya no sirve más que para envejecer

Primero que nuestros enemigos

A ti, que en el votivo olor de las rosas amargas

Maquinas un pequeño alumbramiento que deja caer un grano como un mundo

A ti,

Que te levantas a pesar de mil caídas juntas que jamás se vuelven a tropezar contra el polvo de la loca muchedumbre

Por una masa junta que la envidia no pueda derrocar

Por una morena a quien hay que venerar hasta la demencia

Porque sólo ella nos habría de salvar en las peores tempestades

Juntos en el oleaje a ultramar

En la vil batalla por ser lo soñado

Que más no se recuerda

Como lo que somos

Mientras una casa se espabila contra los muros

Mientras una cantinela sucede mientras llegamos tarde

Y no somos más que el instante que se pierde

Así el gas que ya no nos encuentra

Así el ladrido que avanza

Así en ti es el rezo que sana con ternura

En la medida de los brazos que el dolor excomulga

Y sabrás que la excusa de siempre

A pesar de todo

Y en la medida en que nos juntemos

Para resguardar el nombre de los hombres

Que ya no cierran el peso de la luz

Para que la mar se junte

Para que se abran los brazos

Hacia la pura luz,

A ti,

Acompañándote.


Autor: Jack Farfán Cedrón

01 febrero 2019

"Oscuros latidos galopando en el viaje", por Jack Farfán Cedrón


Oscuros latidos galopando en el viaje


En cada una de las vidas te voy a elegir.
Del mismo modo en que tú siempre me has elegido.
Para siempre.           

Lauren Kate; 
“Oscuros-La trampa del amor”



Porque te elegí

Aun sin verte

El tiempo me prodigó el inútil camino

Que de toda la experiencia se basta

Las tres llaves de Dios

La de la lluvia

La de la resurrección de los muertos

Y quizá


La de la respuesta de la esfinge petrificada en un 
beso

Me dieron lo informe que el desvelo derrama entre los santos

Porque te elegí

Con esa seguridad de los muertos más felices

Con la caída de la lluvia iluminando los campos de trigo

De un oro que vale más

Porque te elegí

Con esa posición de los astros que el cieno de estrellas inventa

Con la vida que no acaba

Con la eternidad con la que me elegiste

También

Reina de todas las alas juntas recogidas en una sola mano planetaria

Sin desastres ni destierros

Así

Con los lastres de la condenación eterna

Al amor de cruces que elige el destino

Como si el cero en el nadir de los dioses

Mirara

¡Oh, sí

Querida!

Para rehacer el precipicio

Con la única magia de tus ojos


                 Autor: Jack Farfán Cedrón

31 enero 2019

"R e q u i e m p o r J i m", de Willy Miranda Quiroz



Las apacibles cenizas del ocaso


R e q u i e m   p o r   J i m


Willy Miranda Quiroz
Gobierno Regional
de Cajamarca
74 págs.



Willy Miranda no es un escritor novato, quienes lo conocemos lo sabemos de sobra. Sus inicios se remontan al año 2000: un homenaje a César Calvo, un frontispicio surrealista; y, cómo no, un manojo bien escrito de poemas y cuentos que ilustraron algunos números de VOCES-Muestra de Poesía Contemporánea, en Cajamarca. Es agradable  recordarlo, con sus pasos apurados, por esta selva de cemento, que por instantes pare ocasos tras los templos de cráneos inmarcesibles y cernícalos omnívoros enrumbando a otros sueños.
Cada sábado por la tarde, imperturbable, emocionado, como si la literatura “de conversa” no durara más que ese hermoso limbo que termina con las pausadas cosas mejores; eligiendo una de sus impredecibles historias, con las que más de una vez nos dejaba impresionados en todas y cada una de las reuniones de El patio azul, en la casa de mi contertulio, el poeta surrealista y docente Edgar Malaver Narro, con quien también perseguimos otrora aquel sueño literario: VOCES.
El opúsculo de cuentos: Requiem por Jim (2018), no versa de floridas prosas de la serranía. Lejos del costumbrismo andino de laxo ronroneo carnestolendo, de jocosa chismografía de cantinita de pan con rocoto y capri de chicha, amén de una fatigada usanza por lo anecdótico y amical, no están presentes en el volumen de cuentos Requiem por Jim; estos, acaso, recursos, seudo-literarios o cumplidos familiares, que el autor ha desterrado, como la mala hierba, de su juicio y cultivado espacio creativo.
Requiem por Jim, diatriba contra lo convencional, apalea lo cuerdo. Se aleja, como ave de rapiña, de la bandada, para crear mundos, extraños lenguajes y paisajes con que se despeina, aun, a la borrasca interior, de salvajes párrafos memorables, como los de este conjunto de cuentos. Los relatos de Requiem por Jim son, de cerca, aquellas corrientes metafísicas, las mismas que nos ponen al margen de los grupúsculos, que, de último, han propalado la sub-dividida escena literaria ―set de censura al cinto, cual la lecherita llevaba el cántaro de leche de sus rotas ilusiones, desperdigadas por el suelo de la leche derramada, ni con el llanto remediable―.
Como que el mundo de los locos y los artistas, es siempre el más habitable, y por qué no, el más envidiable, cuando no imitable. ¿Por qué?, por la sinceridad y la plena fantasía que entrañan estos mundos creados con la genuina libertad que nos adjudica algún puñado de buenas lecturas, donde, tranquilamente el libro se puede burlar de uno; o, simplemente, “somos libres” de lanzarlo a la hoguera de nuestras elecciones más prístinas: ¡al carajo!
Relatos que habitan el mundo de la mente, de las vagas obsesiones, de los sueños destruidos, de los amigos ausentes y de las enfermeras graciosas que nos traen la felicidad en una hipodérmica. O, el mundo sumergido de una Atlántida, en la que por sucesión espontánea se han ahogado nuestras fobias, nuestras bohemias obsesiones, para, en el adecuado momento, salir a flote, con un clavel en los labios, dueños de una odisea cumplida.    
Ya se nos hacía tarde, Willy; la espera valió la pena. Un tomo bien elaborado de cuentos, impresiones melómanas, de la mano de una que otra epifanía de ciclista incansable, por estos hermosos parajes y espinas del olvido. Un libro de quien se ha partido el lomo escribiendo; y que (la suerte no existe), no lo convierten, ¡faltaba más!, en un libelo de apuntes anecdóticos de pueblito, sino, en la mera epifanía literaria, que kilómetros atrás traduce un vasto recorrido de trasnochado lector de libros bien escritos: literatura norteamericana, peruana y de otros martes.
Acabo de ver una fotografía de una pared que dice: “Lo esencial es invisible al estado”. Lo curioso de algunas inscripciones en las paredes: algunas veces traducen la agobiante e inevitable verdad. ¡Cómo, en un país, donde el choro tiene más derechos que la persona que se rompe el lomo para ganarse el mendrugo, todo sucede al revés! Se premia la fanfarria, se indulta al delincuente, se sobrevalora el mamotreto; o se remunera, según el rating, la idiotez televisiva.
Han muerto en el intento, contados intelectuales, en su pujo bomberil por “arar sobre el mar”; o, al menos, sobrellevar o aún prescindir de la hediondez chicha que se sigue y se seguirá viendo en la televisión, como una filosofía de lo decadente, como un modus vivendi de los oprimidos, cuyo opiáceo más consumido, contundentemente irrenunciable, es Ser idiota.  
Pero hay caras excepciones en estas Viñas del Señor; y esta es una de ellas: el “Premio Vanguardia Literaria Cajamarquina”, donde nuestro célebre escritor, también ingeniero zootecnista y frecuente columnista de la Revista “La Genciana”, Willy Miranda Quiroz, mereció el Primer Premio, en cuento; algo que por fin, no pasó desapercibido a los ojos.
Requiem por Jim, herencia añeja de la tarde en que estoy. Como invitando a la aventura literaria, un cuarzo rosa, un mandhala descolorido, y el Rey Lagarto, mostrándote el borrascoso camino a la maravilla, visible a los ojos, cuerdos ojos que leen el graffitti: “Can you show me the way to the next whiskey bar?”
Estos nueve relatos abrirán “las puertas de la percepción” hacia la noche de fuego; irrenunciable, salvaje, rabiosa, como la misma lectura de las historias más exquisitas que Willy Miranda ha creado. Sea.

05 mayo 2018

Juergas florales

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Linkmagen: https://loff.it/society/efemerides/virgilio-el-poeta-de-la-eneida-215319/


El poeta incomprendido eligió apoyar el mentón filosófico en la mano derecha, ensayar un manojo de versos floridos a los que hubo de rociar con agua de pétalos florida marca Burra & Lama, lacrarlo con la última lágrima a una ingrata debida, para de esa manera, ganar un concurso de muertos con su bolso de profeta de plazuela al cinto, amén de ser el más famoso lírida de levita de su pueblo (Colirio de Oro en el Ojete). Durante la ceremonia de premiación, le vaciaron una olla repleta de tallarines a la choya y le tiraron tremendo ramalazo de laureles por la cara. Tal que para eso servía, rojo como el tomate, para posar con la mejor cara de idiota del mundo, ante los laureles de la humillación de cinco huevones, miembros del jurado e integrantes del Club de Censura Literaria, con su ajuar, herencia de la tía Cashperga, “que de sus calzones viejos, camisas nuevas me hacía”.

En: Memorias del escriba fatigado, II, 1-7.

19 abril 2018

El nabo Pingocho en el orto morocho

Linkmagen: http://www.mimasa.net/elimina-grasas-y-toxinas-con-el-daikon-c6.html



Según el viejo indecente, ninguna historia empieza con “Estaba comiendo una ensalada...” Pero la que os voy a relatar sí. Estaba yo comiéndome una ensalada de verduras, cuando atrincheré una rebanada de nabo, lo que me vino a la cochambrosa mente: “¿en qué oscuros callejones, ortos, cavidades, habrá estado antes el bendito, enhiesto y blanco aditamento verdulero?” No soy de pensar cojudezas, pero desde que vi un video en YouTube®, en donde una mesera escupía la hamburguesa de un cliente, pues me las traigo al pensar lo que me viene en gana. Imaginaos el enorme nabo bien lubricado yendo y viniendo, con todo y arrastrar de pendejos, panocha adentro, frotando deliciosamente esos labios, qué digo labios, esas enormes orejazas de elefante rosadas, viscosas y hediondas de la cocinera, antes de ser destinado a esta ensalada de verduras que hoy me toca tragar, ¿eh? Es como para ir a buitrear al baño después del magnífico potaje, ¿o como para relamerse? Os dejo a noble discreción el hacer lo que queráis. Seguramente el viejo Buko estará desternillándose de risa mientras lee, tres metros bajo tierra, este pequeño artículo; quién sabe, ya no tejiendo una magnífica historia bajo los efectos de una birra o una copa de vino barato; sino de una buena mordida de nabo, variedad Pingocho, que antes ha introducido con la paciencia de un viejo parturiento, en un orto morocho. 

08 marzo 2017

30 noviembre 2016

AQUEL HÁLITO QUE EN LA VOZ APRETADA SE QUEDA

¿Alguna señal para estremecerme? Sí. Admiraba de pequeño la Navidad de robotito en la estantería. S/. 11.000, algo inalcanzable. Pero el mejor refugio era ése, tras el árbol de 20 luces y nieve de lana. Un refugio para anidar tal vez alguna verde fronda que duraba alrededor de un mes de entusiasmo. Eran los tiempos en que había que caminar unos 3 o 4 kilómetros para llegar a la dicha. Bodeguitas con apenas unas botellas de champagne, tabletas de chocolate y panetones mosqueados. Esa feria acaso no era enfermiza. Todos éramos parte de la sana alegría. Muñecos de feria, danzantes en la noria agonizante de los brazos. Gente soliendo saludarse, desprenden un poco de esa melancolía de cuarto estremecido de rato en rato por cohetones y sartas de pólvora.

Pero a veces llegaba la Navidad negra; ésa con la cual nos amenazaban si todo iba mal en el colegio; una Navidad verdadera; a secas. La que sucedió en una cueva, sobre el cielo en llamas de la libertad más pura del Niño Divino.

¿Quién ha sido, es y será ése niño pequeñito que alarma cada 25 de diciembre a las amas de casa, alegra a las pallitas del barrio; y henchidos de dicha los niños tuestan en sus manos rascapies y lanzan al cielo avellanas o bombardas en su nombre?

Pero todos desconocemos ahora la verdadera esencia navideña. Han reemplazado al niño Jesús por la imagen marketera de un viejo barbudo y panzurrón tascando las campanillas resecas y cagando en las chimeneas de la gente compulsiva que traga, duerme y se deprime en estas navidades de pavo de cartón y lucecitas que exasperan, a la espera de tocar un chip donde anida tu indescriptible depresión festiva.

Hacia el Séptimo Amanecer los hombres raudos, desmenuzados en escamas de oro indescriptible, lloviznaban azulados de ternura sus cuerpos cansados de alegría. Ellos viajaban sobre un cielo prometido, entrados ya en una sesenturia o en un calor de años del pesebre, benditos por el lloriqueo más feliz de aquel humano de la tierra.

¡Oh, luz impredecible! donde sueñan tres vagos vigías que persiguieron la estrella mundana para padecer cientos de kilómetros con la dicha más dura como un diamante que no se derrite ni con el fuego en llamas de la sangre, acallaran a dar tres regalos inmortales: oro, mirra e incienso.

Ellos, los más dichosos, sabrán que parte de ese cielo nos recuerda tal y como éramos. Ésa sería la llama perseguida, el trotar irresoluto por esferas de un pueblo férreo anucado, no a la almohada; insomne, lejos ya de recordar que algún día fuimos lo que seremos; la luz universal, amable, que pudo salvarnos para siempre de la noche más fría del mundo, la de la muerte redentora.

Puestos en doble alma de cerina extinguida, confían que tal vez admiráramos la puesta de llama irisada, de arco iris divinizando cada que es visto. La mirada de hombres atónitos por aquel pacto desvelado.

Ya en la mira, en la piedra fija que al dudar rueda por los aires el paso que sigue, el latido subsecuente, el atrio permanecido de lo por decir de dos oleadas de viento.

Persigue acaso El hombre eterno, las improntas veladas de sus días; para que así, en la entrega máxima de todas sus fuerzas juntas se desvíe por el Camino Verdadero. No el más largo ni el que lleva a casa; no el camino más corto: el Camino Verdadero. En donde llorarán las máximas semillas purpurinas sus lluvias boreales que de los trinos provenientes danza en sus gules encontrados.

No más danza. La cota inmemorial de infierno se nos hace voluta en la garganta. Y lo más preciado en el destino sea acaso el cardenal que se sangra sobre la nieve, para parecer triunfante ante un caro acontecimiento: la luz del sol ante tanta belleza. Pero tal vez esa crucifixión de la planta, del microorganismo que hace que todo se enfile a la sucesión de lo que pasa.

Cada cosa va hacia la nada. La nada viniendo, la nada que importa; la que se gesta en los charcos, salta en pos de una línea iluminada enmarañando hasta la sangre del reposo sentimientos encontrados. Constelada como obscura promesa

¿Por qué te obstinas cada instante en negarme los jugos de tu victoria?

Ente reposado, me empeño en herir de una vez las estrellas zahiriéndose de un paso. Fugacidad. Permanencia. El eterno enamorado que no intenta soltar la amarras del reino; ¡ah, hijo perjuro de las musas! Pues si, a resultas de lo cual sólo has contenido en tu fuero creativo no más que congojas, lo tuyo sea dedicarte más al espíritu de los nacidos que a la carne de las musas, a las que crees haber dotado con un hálito de vida en miles de páginas.

¿Para qué ya más ríos metafísicos esta noche?

Salir, sacudiendo el sobretodo azul obscuro; reír de buena gana; que es Navidad y la sombra enternecida de esa noche infinita se arrodilla ante la risa del niño más hermoso del mundo.

Cajamarca, noviembre 30, 2016

Jack Farfán Cedrón


23 mayo 2016

Reseña: "La Isla de Los Hombres Solos", de José León Sánchez by Jack Farfán Cedrón

EL SUEÑO DEL VIEJO

Mientras los reflejos de los gigantes y azulados astros se hundían en opalescente reflejo dentro del lago, el viejo aclamaba vigilia en medio del estallido del sol en la mañana. Varias frondas retorcían el paisaje endurecido por las puntas bajas de los sorgos hirsutos raspándole la cara. La edad lo hacía gemir entre ronquidos benevolentes, ronroneando como un gato marchito que estuviera inflado por la pereza de viejas memorias sin remedio.

El viejo creía, quien seguía con insomnio, que aún duraba la mano nocturna en su destino de sombra. Se palpó las cuerdas de la garganta como cuero destemplado de res que al sacudírselo hiciera estruendos fatídicos, augurando una verdadera tempestad sobre el prado de su larga siesta.

Prolongó, aún con la luz alta ya de la mañana, el sueño que con justeza se había ganado, pala adentro del barbecho, a unas cuantas millas del lugar.

Se tapó con el codo los ojos para no sucumbir a la tempestad lumínica, amarilla, que le auguraría el último círculo infernal de su fatigosa vida, sin que él lo sepa.

Mientras, el lago hundía su cuerpo profundamente dormido, entre hierbas acuáticas que el viejo creía masticar, pero que en realidad estaba masticando, en el fondo lacustre.

La sombra del viejo que dejó el cuerpo dormido sobre el pasto, rodando sobre la hierba, hacía de péndulo para algunas mariposas que lo despidieron a su suerte y medida amarilla, ya mellada la luz del sol una tarde cualquiera de ahogado más feo del mundo.

Jack Farfán Cedrón

"Le chapeau de mariage de mon pére"; 1975 - Jean Dieuzaide

18 mayo 2016

CUANDO TÚ SONRÍES, CUANDO MI SOBERANA PRESENCIA TE INVADE LLANAMANTE

CUANDO TÚ SONRÍES, CUANDO MI SOBERANA PRESENCIA TE INVADE LLANAMANTE

Habré de extrañar tu angelical presencia, varando flamígera de agua sin color y con saliva en las mejillas, frente al mar de mi presencia.

Entre fantasmagóricas esencias, yo te llamo al sonreír, te reclamo por qué de estar ausente. Y tú, como en un templo de cera lo calmas todo si el fuego amaina a cada instante. Nada se derrama entre nosotros, si la luz nos ha abolido de energía volátil y nos ha dejado contemplarnos con cada calor corpóreo que hacemos cuando copulamos con nuestros poros abiertos, hacia la honda distancia del infierno.

Nada sobra, nada se hace voluble ni se esgrime con los pasos cansinos del dolor que se soporta, al tenerte tan cerca con la risa demencial de una hiena enferma de insomnio, toda enlutada con piel de luna estriada en tu pelaje.

Eres la santa del velo regado en nuestra alcoba, eres quien me absorbe la saliva si yo entro en tu lengua de anguila secreta hiperrealista etérea azóguica lunar oleada por una baba de caracola recorriendo mi bálano sobre una pared en la autopista: Eh, Nocturna!

Secreta como los ojos de la noche que se cierran para un solo ser y se abren para múltiples fantasmas que te cargan o te poseen durante los sueños malos cuando sudas y te tocas la entrepierna para comprobar si soy yo el que está entrando en tu cunneus diaboli o soy un súbcubo que te toma violentamente entre el rapto helado, cada madrugada.

Escondida entre ángeles desnudos que te cargan bajo las nubes donde orinas una miel argenta, clara y dulce; almíbar de oro o diamantes dispersos desde un guante lánguido y presente, hacia el fondo y negro lacustre del cosmos que nos pierde, friccionándonos hasta dolernos.

Pero la cosa es que tras la puerta te he dejado un mensaje entre los ojos, te he manchado con los dolores infinitos de Cristo el delantal de esposa, la bata de virgen manchada por el rastro himeneo que te ha hará abrir los ojos al mundo carnal, voraz, !ah, ninfeta!

Y tú asientes; cada rosa lo hace, cada gota de rocío, lánguida, clara, larga, amaneces.

Todo lo que existe es el silencio; todo lo heredado, todo lo inasible cada vez que me comprendes, toda vez que asientas velarte entre los cirios etéreos, de un sueño entre rocas presurosas aguándose al tocarlas; entre legiones de ámbar mariposas, de orín reseco que se agrieta y desmorona al cumplirse la historieta amañada de nuestra primera cópula; amante mía, que un día vendrán a tapar tu cuerpo tendido sobre el río.

Novia muerta, flotante en el agua perfumada de flujos lacrimales que terminan conmigo. Guirnalda de ninfas que retuerce un viento con sabor a fruta de estación y ramos recogidos al levantarle la mano a una gran amiga celeste: , como la furia de una catarata a la que ponerle la punta de los dedos para soportar todo el ímpetu del agua furiosa como un maremoto, cual la propia bestia emergiendo de las aguas a tragarnos; voraz, con fauces que ha creado la devastación, el olvido, lo maligno.

Caricia mía, azucena elegida entre rosas liliputienses que un día regó un enano en el jardín que moja tus pies o los desaparece.

Sabrás, la rosa negra existe; y cuando la veas portar a un extraño mensajero, es que te habrá traído malas nuevas; y yo ya no estaré para mirarte; y tú ya no estarás para anochecerme bajo el alero terreno de tus ojos. De sombra arco, ala fugaz, umbría, de diamante; arquitrave a través del cual duermo sobre ti, para que todo tu cuerpo pegado al mío se haga un solo siamés lascivo, sexual, hasta el cansancio.

Ser el cielo al que cargar, entre flores rigurosas, entre hierbas locas que la demencia sepulcral pasta a plena medianoche.

Nada como la perfidia tornando a cercanía; aquella desolación cuando te vas y me prometes encontrarnos.

Me dices que a lo largo del jardín umbrío, entre celajes melancólicos levanta, una rara sensación de tiempo no transcurrido, que se inventa hoyo abajo hasta el mar inconmensurable de presencia arrojada; soplando, vendaval perdido de notas tutelares.

Calle abajo yo te creo entre esferas de cristal inventadas por la descendida respiración de los peces etéreos; yo te absuelvo de almíbar, de azúcar moreno, de fría serranía; para que te roce entre los muslos; y, tibia, te retuerzas sobre mis hombros, anguila de lascivia y baba marina; y así descienda, germinal, tu garganta aquí cerca.

...descienda, germinal, tu garganta aquí cerca.

Jack Farfán Cedrón

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).