07 junio 2022

LA HORA JUSTA DEL DECESO


 ImagenEl Génesis según Sebastião Salgado. Creador: © Sebastião SALGADO / Amazonas images Copyright: © Sebastião SALGADO / Amazonas images

https://www.alejandradeargos.com/index.php/es/completas/8-arte/221-genesis-segun-sebastiao-salgado


El infierno está empedrado de buenas intenciones”, dijo Cervantes. De buenas intenciones está empedrado el camino al cielo. De buenas intenciones se alimenta la mala literatura (André Gide). A buen orador, todo oídos son las piedras. Para encantador de culebras, los políticos, las mismas culebras nacionalizadas mordiendo al que, bienintencionado, les levanta la piedra para ponerlas a salvo. Zurra donde tragas; vomita donde arde la rabia. Tarde se hace durante el frío; tarde para recuperar los años desperdiciados. Tú nomás escribe, crápula; mantente a salvo de hogueras metafísicas, del salto al abismo, de las buenas tentaciones que vienen personificadas como hermosas panteras acechantes al primer signo de debilidad percibida. Al obrar en el carácter, las simas explosivas de las que se alimenta el ser humano, moldea un no sé qué de distancia entre los ojos y el reflejo que al mirar al otro nos separa del idiota de la familia; del mongol ebrio de la fiesta, del encandilado alcohólico vociferando el mismo lenguaje de las bestias devoradas. Como ángeles oscuros venidos del mismísimo infierno, los perros tormentosos que habitan en nosotros se aproximan, aferrándose al miedo segregado; como esas plantas carnívoras que derriten a los insectos que tragan, los faros remotos del entendimiento, también nos acechan; nos tienden sábanas empapadas de sudor pasado; nos halan de la ventana hasta la aterradora extinción de los ojos cansados durante una noche milenaria. A siglos enterrados en letrinas, donde yace la historia inventada de los hombres justos, se agusanan los poderes del mal. Será esa sombra precaria de unos ojos extraviados en medio de la cueva ya sin hogueras, el final que paraliza a quien entra y regresa, a su propia mierda elegida. Aturdido por el fragor terrorífico del mal, el infierno se aproxima; crecemos en círculo. A los lados braceamos contra la corriente más poderosa. Sucias crecidas delimitando vanas ambiciones por tierra, guerras por agua; infamias por deceso durante una cruz aceptada, cargada como el mismo peso de quien, cansado, persigue el insano ideal de la derrota, al llegar al fin mismo, desértico, mordaz, plagado se sierpes, de tentaciones en la misma y prieta cuarentena donde por fin se elige al mal en llamas, para salir corriendo, encendido, ensopado como un puerco, metido en un mar de mierda junta. Asolados por dispepsia; por el horror eructado a media madrugada, esputamos a la bestia interior que nos carcome las venas, que nos arrecia hacia una orilla, destrozados. Hemos sido destruidos por la duda, por el miedo incontrolable en medio de jaurías de perros salvajes. Al destrozar las paredes transitorias de una realidad desconocida, se despliega el telón a cuentagotas, el sigilo temido, el doblón argento resonando en la corriente enérgica del agua; el fiero y mordaz entrever la realidad que se eclipsa; la fantasiosa y pertinaz fantasía de los dones jamás inextinguibles. Y en plena diáspora de fauces tragando todo a su paso, las bombardas etéreas duplican la quimera. Culto al horror, al dipsomaníaco insomne cuya cabeza escapa a beber del grifo en la noche perdida, en cada paraíso encontrado. Escalera hacia infiernos duplicados a cada pisada hacia abajo, permitimos que a instancias de lo sorpresivo pareemos cada costado que extravía el ánima que palidece, el grito cantado por una sórdida música de alcantarilla; aquel caos ensordecedor y letrinesco habitado en presencia absoluta: un agua incesante en la hora justa del deceso.

11 mayo 2022

EL CIELO DE LOS REVIVIDOS

 


Imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Casa_vieja_en_Samaipata_-_panoramio.jpg


Cállate, pocos ignoran que me habitas, que me ciegas la memoria, que me riegas como pétalos, los galopes del tiempo. Ciérrate ya de una buena vez, que ya no puedo más contigo. Entrará la serpiente a la pared habitada, se multiplicará; mientras, todos en la sala beberemos y comeremos felices; pero sépanlo, las paredes no sólo escuchan, sino que maquinan malévolos planes. Un día palpitarán los muros interiores y plagarán las sierpes nuestra felicidad. Huiremos a nuestras cuevas. Dormiremos al fin entre las llamas; o, en el peor de los casos, rodeados de sombras allá afuera. Cállate, ilumíname como una inflorescencia Diente de león esparciéndose. Llegará una sola brizna de hierba para enceguecer al sabio oscuro e indescriptible. Cremaremos El mito Tauro, alcanzaremos el extremo del hilo de Ariadna. Pero aléjate, no me guardes cremor, no caigas nuevamente al corazón del agave. Sáciame la sed que todavía te guardo aquí. Sabes, nuestros corazones, físicamente lejos, aún se aduermen para susurrarse. Gritaremos el tiempo; él nos enloquecerá de presencia, de terror, de cadaverina ya hecha polvo en una tumba profanada. Encandilar, encandilar la morada; cerrar las puertas, colocar cuencos bajo la ventana para que la luz que resta no nos desaparezca; para que seamos la luna riente, en el vagido de un cielo que se ha tragado todos sus meteoros para poder respirar las brechas del mundo. Si, por fin, dejamos una hendidura entre nosotros, volveremos al susurro, al desvelo contraído, al sinnombre en la cabeza. Déjame, querida, con todas mis elefantiásicas invaginaciones, para fagocitar todos tus gritos de ayer. Para que la persistencia del tiempo traduzca la morada de los trigos verdes donde pacerá el Espíritu Santo cada mañana que te nombre. Para que el humo fumado emerja en volutas, sin lámpara en la noche despertada, sin velas que llorar, sin luces de la ciudad que aproxima la niebla de los tiempos. Y, en el sonambulismo del mundo advirtamos los hechos que ya no pueden regresionar del pasado. Para que no haya raicillas que hagan brotar plantas carnívoras, cremas nocturnas. El ciprés blanqueará los cementerios. La luna reída del espejo te devolverá tu desgracia. Blancos trajes inmundos flamean cercando la ventana, sin respirar, sin prometer gritos desesperantes. El horror. Sin desdecir la verdad oscura apenas. La raíz de todo viento impoluto. La que vuelve. La que nombra y se sienta a ramear y ramear el piso de tierra. Cuando la casa en la chacra de El Roble fue abandonada varias décadas, todos esos años lloró, lloró para que cubramos con barro los huecos de cabello ya gentil que no salió despavorido con el viento. Pero ahora, todos, todos los parientes, incluso los muertos, reviviremos los ojos, alumbraremos aun, con cada viento despojado, el cielo de los revividos.

05 mayo 2022

ANTE EL MEMORIAL DE UNA MUSA VARADA EN EL TIEMPO

 



ImagenLa antigua estatua de la Musa Thalia. Artista: Claude Mellan (Francés, Abbeville París 1598-1688); Fecha: 1669: https://www.alamy.es/foto-la-antigua-estatua-de-la-musa-thalia-artista-claude-mellan-frances-abbeville-paris-1598-1688-fecha-1669-media-grabado-segundo-estado-de-dos-168367542.html

La sombra pueril de tus ojos vivarachos, claros como el mismo anatema almendrado, clarividencia triangular de Cristo redimido en la Cruz. Diariamente en los seres que sudan, que sangran, que hambrean, que fuman bajo los puentes del mundo. Tus manos pequeñas por las que me conduces como si camináramos por las nubes secretas. Ante la mar de llanto, 7, 20, cubículo móvil indiferente a mi llanto. Ante los objetos sin casta gravitando en el vacío de tu nombre. Esa sombra que sé, te existe; obra en mi parda oración de cuentas sumergidas en el río más claro del mundo. Hasta la mar inconsciencia, donde se vislumbra la opalescencia de todos los sentidos. Como peces muertos en la memoria que es la historia del tiempo. Como reflejos que tocamos, al extrañar ese amanecer silente que jamás respiramos juntos, desnudos. Íbamos a ningún lugar; solos, pegados como anguilas negras y sexuales, en el beso cerca, en la cópula que dista siglos, años luz del amor completo. Nunca es demasiado y roble corpóreo, tenerte, mía; ningún ser es propiedad de ningún otro. Por ello fenezco, mientras sueño la imaginación pura de los peces. ¡Oh, amada mía! Quizá sólo debimos ser eso, sólo amigos; y de esa manera te hubiese amado hasta un infinito que de todos modos se hubiese reventado. Somos y seremos la burbuja que, suspendida en el aire, de un momento otro se revienta y despierta. Los sueños sumergidos son eso, la felicidad que estalla y despierta. Mejor no despertar. Mejor dormir para siempre e inmortalizar la felicidad redonda, completa. Loa, círculo mental; colgarse de la ventana, como un espectro en bata blanca balanceándose del cuadrángulo del horror, mientras entra un vaho putrefacto de civilización, por ese cuadro pesadillezco que infausta hasta el mismo amanecer, seña de Dios flotante en el espíritu. Seres que se amaron, sí, de un vientre a esta parte; de una cópula que señala, de un ombligo sembrado con una gota de rocío lamida, rosa; llorada en otro pétalo; lema arcoíris hacia la tarde lloviendo apenas; mientras, con los ojos bajos y la frente que señala tu cuerpo tendido en un pasado ilusorio, apareces en mis nubes; que pican por el polvo en la avenida, ojos de nuestra alma incompleta, serena en el caos que ordena la misma creación del mundo fijo. Vamos creciendo hacia el sur de las contiendas proscritas. Vamos, a fecundarnos este memorial hermoso que es el viajar; estos recuerdos imborrables que son los dos ríos de los ojos, que nacen de los otros ojos de agua compartida, serena, gruta sirente, alma. Seres del horror, de largas zancadas hasta nosotros mismos, decididos a alcanzar un aura matinal, un incendio bajo los cielos donde ya no brillarán ángeles, sino un llanto puro que contiene los océanos y las mareas y la tristeza de un pescador que amanece varado en la playa, para dorarse en las pobres dádivas viajeras que le compran lo pescado. Y, sí, nos hollarán los corazones aquellas espadas flotantes al vacío. Y sí, muertos de risa y jamás de lamentaciones ni obsesivos sitios que hasta hoy guardan nuestros gratos encuentros, nos amamos; así el tiempo caiga, así la memoria falle y se desmoronen continentes fantasmas. El balcón erigido, la negra butaca donde fumarás hasta ahora pensándome; y yo, soñándote despierto; pero jamás, pertinazmente jamás, dolido. Pensando, sí de los ases; si de los proyectos que se llevan a cabo y se dicen ¡salud!, por la dicha; por el reencuentro y por las cosas hermosas del mundo al viajar; erigiendo fuentes de agua desparramadas en los prados, sí; donde aves zancudas reposan en un pie el dolor de la existencia. ¡Sí, amor mío! 



19 marzo 2022

COMO DESTELLOS DE CARPAS BAJO EL SOL DE LA ALEGRÍA

 


Imagen: "Fin" © José Villanueva


Cómo te reflejas, cómo transparenta el soplo de los muertos tu cuerpo aún dormido que se eclipsa, que lentamente sucumbe a un error, a una fiesta que dura hasta que amanece. Serás un árbol, hacia tu muerte, eso te salvará de la pereza del alma. Vivías para qué. No tenías esperanza alguna. Habías desfallecido de espíritu. Pero ese soplo una mañana te despertó, y lloraste con el viento, y todo cayó como las puertas de hierro, desde los mismos cielos celestes. Era tarde. Tarde en tu día. Tarde en todo. Al encuentro con lo que estaba lejos corriste. Al encuentro con lo ajeno, con la fe, que es una muchedumbre por dentro. Lloraste con el viento. Eso te hizo bien. Pero solían decir los que se quedaron en la fiesta del vicio, que la pena era basura. Estaban equivocados. Los árboles lloran de pie.

07 marzo 2022

CULTO A LA ETERNIDAD



El ateo no existe; el ateo le rinde culto a su desgracia; se enjuga las lágrimas malditas; se arrodilla sobre maderos espinados, para perecer en el intento. Él ha sido siempre el intento. El inacabable experimento de una especie bicéfala que no ha terminado de mutar. Su propia hipocresía, su horror vacuii, su eterno retorno, su llanto hiperbóreo. Es el ojo de buey, el perro de aguas, el dragón en diminutivo en un extenso riachuelo donde lo atrapan y lo colocan a flotar en una pecera Aleph, diminuta, a través de la cual sólo se ve un mundo: su desgracia egotista, su gótica ceguera. El ateo cierra los ojos para que ya no le lluevan más desgracias. Cierra los ojos y no tiene los cojones de maldecir a quien lo creó. Cierra las manos y pide a Jesucristo descender para que lo hunda. No cree en la bondad y le teme, no a los peligros que procrean el miedo, sino que le teme al mismo miedo. Perros negros vendrán por ti durante la siesta amarga de los días a los que no asistes por temer. Te destazarán, se repartirán tus restos. No rezarás, para no perder la costumbre de dormir bajo el sol de todo lo hecho a desemejanza de tu reino que sólo tú ves, como a través de un caleidoscopio reversible que únicamente mostrara imágenes en negativo, vidas desveladas, donde tanta luz alumbra, donde nadas en la noche umbría de lo que no pasa. Despierta cada día, pasando las cuentas de un rosario negro que otrora fulgía en lava ardiente. Despierta, pálpate, enjúgate otrora lágrimas que aún no se han escrito. Eres de sudor, de perlas desiertas. Pero no estás. Aún no estás, perro de aguas, veloz en las arenas. Llorarás tu perra vela incolora; llorarás al no acertar con el santo retro, con el santo de la noche caída de estrellas. La luna ríe, la gran luna ardiendo de leche mágica, donde el huevo ausculta el pozo ciego reflejando el gran estrellar de Cícladas iluminadas, de vertientes astrolabios para una desgracia fortuita, condenado a una fotografía que no se borrará en el tiempo ni con el tiempo perdido. No henderás ser el gigante sin razón, apenas; heredarás del fuego maligno las cenizas irreversibles de las que ya no se vuelve del infierno; allí, sentadito en Comala, arriero de burros, sobre un solar árido, te arropabas con una frazada raída, para ir de viaje, a punta de jumento; hacia los fuegos etéreos esta noche. Asiste, en presencia de quien miente; asiste a soñar velas rojas esta noche; aun en la insondable urdimbre de una eternidad que ya no te merece. Resiste. No reces.

03 marzo 2022

FIJO LA MANO EN EL CENIT REFLEJO

 




Fijo la mano en medio del ojo de agua del llano. Para permanecer secreto, para seguir silentemente recordado. Miro a los vivos e imploro por una tocada de mi mano que extraña esa vida en procesión andante, en amplia tesitura de un armiño sedoso desplegando su agua compartida. Y el cántico de sirena terrestre que se vuelve a repetir en la noche, venido desde la mañana escarpada en lo posible. Y el canto que no predice, el canto a cuyas determinaciones estamos aferrados como por adiposas patitas monstruosas, al espejo de agua. Pares de ibis marchan en el responso absoluto de una fría tumba replegada al sol extinto. En lo posible, sombras sumergidas desaparecen bajo el muelle. En lo posible el ladrido, el bajo vientre, la cópula, el reflejo. Fijo la mano, en el polvo terrestre, en el cenit descendido en lo celeste de un cielo derramado reflejando el charco de un prado celeste.

21 febrero 2022

ORAR EN SECRETO


 


Y relatar en la sombra de tu reino, aquellas palabras que fuiste, aquellas semillas aladas que llegaron a lugares remotos para crecer la alegría que entrañabas. Desde el fondo penumbroso de esos instantes, tú eras eterna, distanciándote de los tuyos para que desde la plena agonía del mundo escucharas bajo el agua la flor de tus propias palabras. Arte de callar, de pronunciar sólo lo que fuese necesario, llorar apenas en la frescura de un hospicio acariciado por la soledad que hace sabios a los ermitaños. Y esa sería la plenitud del instante, el soplo a contrabajo, la flor quebrada en un cristal de instantes. Para que sorprendiendo en la lentitud de invierno nos llenáramos de juicios y de frases que deseábamos escuchar. Porque así era lo raro, un hálito profesado por los minúsculos del mundo, por los casi nunca escuchados, por los silenciados con la palmada del anonimato. Latido infortunado, halo musical cuando orabas y buscabas en la flor el precipicio. Dos ríos de luz y de sangre que enunciaban una confesión, los dones de los santos, la agonía plena del mundo. Pero había una ruta, orar en secreto.

15 febrero 2022

COMO EL REZO DE LOS REBAÑOS FRÍOS ESTA NOCHE


Foto: El autor


Habitarás la gruta sagrada, serás quien envíe manos palomas hasta nuestros abrazos aun vivos. La cola del amanecer resistirá a improntas desveladas por el paso de páginas leídas durante el sueño. O el insomnio, que, velado en la felicidad de las piedras grandes y blancas, dibujaba llenuras en los ríos desde arriba, desde el alto ojo del agua helada de grandes montañas de abundancia, pero también de devastaciones. Quién llama del otro lado de la margen, quién desgrana rosarios a la hora del ángelus, para el Santo Fuerte, para el Santo Inmortal: El Señor de la Divina Misericordia: nosotros, tus deudos. Y persiguen cada gruta insondable, esas lágrimas lloradas por el agua que arreció con todas tus fuerzas, los ojos de la muerte que doblegó tu cuerpo pero no melló tu espíritu. La llamarada del signo, el estallido del grito de horror lacrimoso de quien sabe su partida y se para al borde de la muerte lenta, y una bandada negra hace el seño de incineración por todas las batallas ganadas, por todos los gritos fatídicos, por toda la fe irrenunciable a la que no temiste. Y avanza, con el peso implacable de las fauces, la hambruna del dolor, la hambruna de la espera y los vientos apacibles que el blanco cielo depara para quienes lucharon hasta el último rito: la vida inmortal. Habitaras, sí, la cota irrenunciable, lo que nada más a uno le importa, lo que no está, lo que no persigue, lo que ya no está posado en el poyo aun sin fondo de la casa de El Roble, donde había entrado un gallinazo por la ventana del mañana, y había hechizado a la muerte por unos días. Dónde qué pesados sueños desvelaba el nombre de un cuerpo cansado pero alegre. El trabajo cansa pero no hace daño. Pastora, que irredenta deslizabas las obleas del insomnio; que, una a una las hostias perseguían secas gargantas, el arrepentimiento, el desvelo, la culpa de quienes rezan por los caídos, por quienes ya no tienen voz y sorprendidos hacia el alba se desgreñan para abrigar a los pichones de los árboles del mundo, cuyos huevos, una vez nos alimentaron. El frío tiene arboledas silbantes. El frío alerta, como el canto a la mañana, como el rezo de los rebaños fríos esta noche.

11 febrero 2022

LA MORTAJA DEL SUEÑO

 



Habitados por la peste del insomnio, encabronados, ciegos, rodeando la historia de nuestros brazos pequeños en torno a una tempestad situada en un vaso repleto. Rodeados de la peste excrementicia del hastío, volvemos con las mismas carencias con que llegamos berreando, a este acto en tres tomos que nadie ha leído: la vida. Esta vida que suda en las paredes transparentes cuando uno viaja hasta el final de un túnel sin luz, dueño de todo el polvo en los ojos. Hasta que miran los ojos pares su propia transparencia, hasta que el mismo abrazo se repele, hasta que la luz a cuentagotas, una a una roe el cuerpo en desánimo; hasta que el sueño, esa enfermedad de la lucidez, se enciende en otros campos de trigo; lo sobrevuelan otras bandadas negras de cuervos, pinta acaso el paisaje retorcido otro pintor enfermo. A ciencia cierta muertos, devastados por una noticia negra, por una innoble serenata de estrellas que caen. Azulamos el rumbo de lo que no estaba, barnizados por el alba, felices de que el sol baña todas las cosas repetidas. El día se recoge, la tarde camina despacio, conforme las huellas de un ave la persiguen; la noche distiende su mortaja ante los ojos dormidos.

09 febrero 2022

HEREDEROS DEL FIN QUE NO ACAECE

 



Amamos la ceguera, la luz del sepulcro. Cercanos a la muerte de los otros, ya ventrudos, cruzando un callejón de polvo, admiramos la ternura de volar del gorrión, a la mañana apenas diseminada en la ventana del mar desconocido. Cruzados, patios baldíos, arracimadas flores negras, de la misma tierra hereje, donde el soplo de los muertos no deja seña de lo baldado para mejor renascención con el ajeno vidente que todo lo ve, como un triángulo cerrado. Avistaremos, cada contrariedad, cada opúsculo con un final para quien lee, o para quien sueña una historia total, una ficción, de por sí autónoma, aun del ojo omnisciente. La rueda espasmódica suma, por lo extinguido del comienzo, una tela azul conveniente distenderla sobre ese lago de todas las ansias; mata florida, que aun olvidándose, se descree que haya procreado sombra. Yugulado horizonte rojo toro, desmentirás la ceguera, aquella opacidad que pájaros desmienten, hasta ponernos colorados de los ojos, hasta que disgregue una campánula medrosa, psicotropismo necesario aun en la lucidez idiota del abstemio; aun en la conciencia austera del filósofo de ordenador. Y sea el sopor, la flor designada, el solar donde la mentira putrefacta horade la misma profundidad de mandrágoras infectas. Heredarás, perro lloroso, la capacidad de estirar la pata, para un duro hueso en la tormenta de la muerte. Que la batalla llueva, que huestes pasen sobre tu figura fantasmal, a la hora de la verdad. Sólo rezar te salva, porque será signo de que vives; porque lo sabes, porque tienes la libreta de mano al volante; porque vuelan tus sueños como útiles pájaros arrastrados por la borrasca de la Parca. Y el interior, fugado estará, si asomas a dos caras opuestas; si en la veraz conmoción de un cielo terrado buscas expandir la mirada por siglos cerrados; por donde gira el manto de iluminadas velas; que llenas de lo negro advierten toda luz magnánima, creada en la señal completa del espíritu. Cercanos a la muerte, próximos al fin que jamás llega hasta que no podemos con la fatalidad atascada en la garganta, con la fría vasija durmiendo nuestros restos. 

21 enero 2022

¡EL ABSURDO FRAGOR ELEGIDO!

 


Imagen: https://scenamalaga.com/el-teatro-del-absurdo-origenes-caracteristicas-y-mucho-mas/

Herederos del vicio absurdo de los dementes, calma momentánea de todas las manías, sobrevaloramos el acto mismo de vomitar para seguir tragando, de beber para seguir arruinándonos a campo traviesa de los nueve círculos infernales, acechantes, fauces entrevistas de lo prometido. Augura, fe, tus dos montañas entre el fuego que bajo el mismo cielo promete no cercar ninguna frontera para no entrever la tierra de nadie, que es de todos los fuertes. Lo que irradia es el nuevo sol interior, lo que irradia esta noche celestial no eres tú, sol de todos los días, es el sol despertar, el color de los sueños; no la noche negra, sino la noche constelada. La noche abierta, la noche fresca, la noche láctea, la noche sinfín que ni la dicha sabe que existe, plena de luna derramada. Báculo para los despiertos, estandarte ultravioleta en fiesta de año nuevo, cicuta para la ancianidad, heredad de heredades: ¡Oh, tú, fiesta inconclusa! Heredad de heredades, dicha del espíritu libre ya de respuestas y plagado como una roca variegada, de preguntas abiertas; máquina de iniquidades contra el mismo mal que es quedarse con la pregunta cogida del rabo, sentado con las contrariedades que traduce el Sí mismo. ¡Oh, tú, fragor elegido! Mención aparte está y se sitúa el lunar entrevisto en plena cuarentena, donde sierpes prietas, insulsas, persiguen el absurdo fragor elegido, el tenor de respuestas, el dual sonido mudo, el absurdo demente, el estruendo mudo Vallejiano. Muévete hasta alcanzar, hasta besar mi rostro, seré la contemplación de la calma, el fuego entrevisto, el humo diamante. Heredaré de la calma un único rostro, lunar en plena tormenta de arena, apocalíptico denuedo en que se devanean, justas juntas claridades entre duermevela y ensueño, entre amarga paridad vigilante y realidad en plena bofetada. Qué será de la alegoría que sedimenta ansias, de la figura que pinta sueños, de la forma que esfuma su creador, de la mancha que es universo, hoja, punto infinito. Qué será del sol entrevisto, de la magra luz, de la mancha obra de arte. Será que somos una apariencia perfecta o que somos más bien una aberración artística, foto fiel a la realidad espantosa; ese paisaje onírico desrazonado, esa triza a contrabajo. ¡Despertad, oh, gran absurdo de los dementes!


14 enero 2022

LA NOCHE INEXTINGUIBLE

 


Imagen: https://www.astromia.com/glosario/constelaciones.htm

La noche vecina, la noche próxima, la noche cercana, vela de los ilusos, lámpara de los cansados, de los doblegados en caminos tormentosos; guarida cercana de lobos devoradores del hombre infame, lleno de amargura, de odio, plagado de vicio. Es un lecho amargo, del día, que fulgente ha terminado, sin una misión cercana cumplida. Nada en la vida nos pertenece si no hemos puesto todo de nosotros. Jugar el todo por el todo, presenciar todas las calamidades, los sacrificios, en pos de salvar una sola vida o un solo pelo de esa vida. Desposeídos los ilusos, de la sorna suficiente para afrontar las velas del mundo, los horrores, las decapitaciones, el fuego, inundaciones, granizadas. Peregrinar sobre el barro, batallar sobre huestes sangrientas, hasta dar por acabada la contienda del día. El fuego que nunca se apaga, la sombra que no arruga la figura contenida, el agua que arrastra los cabellos tristes del sauce. Arrastrados como almas anteriores a la existencia misma; arrastrados a la culpa; a la conciencia de la que nadie escapa. Señala, aunque se pudra tu dedo, el camino más pedregoso, el más incendiado, el más espinoso, el más puerco. Aunque se pudra tu alma en el más sarraceno odio, perdona; la divinidad espera por ti. Las criptas de los santos llevan la última lágrima hasta el sueño. Serenos de culpa. Hemos dado un abrazo a quien no lo merece. Y los ojos de quien nunca se vence, encharcados en las primeras y cantarinas olas de la mañana nos arrullan, nos prometen que mañana es otro día, de que chasca el fósforo en la polvareda, de que el incendio para los réprobos, cercano está al mar de las posibilidades. Serena, amenazante, la matriz verde moco de Joyce amenaza con el eclipse de un sol reverso, con el despertar de las velas y la flotación de estatuas, de camino a las nubes de piedra. Lloverá, sí, la noche inextinguible, para que descanse el día luminoso y rueden frutos dorados de todos los deseos cumplidos.

08 enero 2022

POSESIÓN DE LA MIRADA


Imagen: M. C. Escher


Al despertar, un poniente en los deshielos. Los despojos de lo mirado se reconocen por un par de túneles que la oscuridad reclama para sí. Haber nacido enfrente del cosmos, en un perfil que un hoyo negro reconoce como tal. En su vacío.  Las cataratas flotantes esta noche envilecen el acto creativo de nombrar lo que se ve o lo oculto entre las sombras que barren el espacio físico de la figura como tal: objetiva. Perecerá el ojo que alimenta a la luz o será posible que el deshielo del sol estalle dentro del mundo amanecido.

07 enero 2022

LA AGONÍA DEL AMOR


Imagen: https://www.mundiario.com/articulo/topsex/sabes-es-beso-tornillo/20180505214829121164.html


Un amor lejano en el tiempo no termina jamás. Escucho tu voz, me entrego a esa enorme frustración que es recordarte. No te puedo superar. Y lo mejor de mí está en ti, clavado como una noche en el alba recién iniciada. No me incomoda estar así, pero no me muero porque esto termine. La escalera al infierno empieza si no estás o si te escucho al teléfono. Pero ya jamás estaremos juntos otra vez. Ah, escribir con sangre, como lo aconsejaba Nietzsche, para que el alma se redima, para que llegue a la salvación, para que ya no llores más cuando me largo y cuelgo para ya no hacerme más lágrimas de nieve en los ojos que te imaginan muy lejos. Es que no renunciaré jamás a este lujo del corazón en que de pronto te convertiste y te eternizaste para siempre. Seré el insomne desnudo con una herida hollada desde la boca hasta el corazón, de camino al infierno, por esa escalera al revés adonde nunca se llega. Qué agonía, qué candentes nuestras pieles si no se tocan, si lejanamente se existen dándose falsas esperanzas. Ya no quiero derramarme más en el fuego lento sobre las aguas, que ya no me arrastran hasta la bendita hecatombe de no tenerte más en este horrible destino que te cifra y te riega con trozos de memoria hasta la demencia, Oh, maharaní nocturna que vuelves infinitamente a mí. El hombre que sucumbe, el hombre que gradualmente camina hacia su infierno elegido, el hombre en ruinas, el extranjero en su propia tierra dando vueltas, enloquecido hasta permanecer de pie en el frente de las ruinas. No me des más esperanzas, no me des tregua, no me hables despacio, quedo, como si algo en mí ardiera, como si todavía hubiera esa llama entre nosotros. Me arrastras hasta el pleno sufrimiento, me destrozas, me devastas y yo no puedo seguir con todo esto. Las paredes de mi cuarto se abren como una flor maligna y me dejan desnudo, sin piso, sin cielo y con todo el fuego terreno del mundo, lacerándome hasta pulverizarme en segundos, pero como mi materia es indestructible, millones de átomos se esparcen por el gran cosmos terrenal, para que jamás te olvide la sola idea de cada millonésima parte de la que se compone mi amor frustrado. Y persigo el viento de mi desgracia, y me desdigo, me hablo para mí mismo y el viento horroroso en que acaeces desaparece como un gran soplo inexpugnable que paciera entre los trigales de la angustia cuando tasca ya el sol de venado en esa playa montañosa del olvido en donde nadie, salvo tú, quiere poseer mi alma; y vaya que sí lo consigue. Naderías, pueden llamarles los que así leen todo esto; pero esto es mi mundo sombrío; el que acaece, el escrito con sangre para que se eternice en el instante amargo de los días galopantes; para que ya no sufra, para que acaezca el milagro de, otra vez, cerca, sin recordar, besados apenas, podamos despertar a la agonía del amor que jamás pasa, que interminable arde como la llamarada del universo.

03 enero 2022

AL OTRO DÍA DEL MUNDO

 



Detestamos hasta descerebrarnos, nuestra primera noche negra, nuestro deambular desnudos, con una herida abierta desde la boca hasta el corazón; desnudos hacia el averno; hasta la primera desgracia que nos acaece, sin saberlo; acaso un mal sueño; acaso una blanda pesadilla. Perdidos en la oscuridad infame; estragando todo el pecado que somos. Andantes, no nos queda más que agachar la cabeza y dejarnos acariciar las orejas del perdón. Pero somos ese mismo enemigo. Somos ese secreto rumor en sombras; en claves de la cabeza que ha perdido la llave, como un sediento ebrio en la madrugada espantosa del tremendo delirio. Y somos otros, nos odiamos, queremos poner punto final a toda una vida de vicios y excesos, pero no podemos, porque amamos el riesgo; temblando nos abismamos a esa furia irreconocible que representa andar sobre la cuerda floja. Alguien, una sombra, un espectro maligno, halará de nuestra frondosa cabellera, nos hará una broma macabra, para que perdamos pie y nos abismemos al mercado de máscaras burlonas y crueles aguardando nuestra demencial caída. Pero somos el espejo derramándose de lo que más detestamos; somos esa preocupación destable a quemarropa. Y la solución no es de este mundo, pero tampoco optamos por jalar el gatillo. Sadomasoquistas de nuestra propia desgracia, nos regodeamos en la furia de tenernos cerca, de sernos lo que más odiamos. Acostumbrados a la dolencia permanente, a esa gran herida hirviendo en el corazón que nos acompañará hasta la tumba, permanecemos parados, y nos desahogamos de delirio, en las lágrimas a la puerta de un callejón con salida a la enorme herida, a la noche negra que siempre palidece con el tiempo, porque acaso todo pasa; todo menos la piel antigua, que enterrada revive un nuevo cuerpo de sufrimiento, cuando ya todo ha pasado, y se filtran las primeras lágrimas del cielo al otro día del mundo. 

30 diciembre 2021

EL DESHIELO DE LAS TRANSFORMACIONES


 

Imagen: Eduardo Farfán


Cerremos nuestra historia, configuremos un chip en nuestra mente, para que ya no tropecemos, para que ya no evidenciemos que todas las encrucijadas están opuestas a la suerte que nunca está echada. Nada de encuentros nuevos. Nada de memorias espulgadas. Nada de nada. El cliché “borrón y cuenta nueva”, podría encajar en este confabulario. Pero harías bien en romper todo lo escrito, en rasgar todas las fotografías pasadas. Y responderte tú solo al eco que ya no regresa. Tiempo. Tiempo. Para qué más redobles segunderos. Nada pasa. Nada existe. Nada es. Solo vivimos en una piscina helada. Nos congelamos a la edad en que terminó la fiesta. No podemos avanzar, a menos que el deshielo de las transformaciones acaezca. Somos una miserable raza de idiotas, que no abandonaron la fiesta antes de que terminase. Preferimos quedarnos hasta que barrieron las piltrafas borrachas. Somos la vista apostemada, el jolgorio vomitivo, el año nuevo en casita. Y así nos merecemos llamarnos los unos a los otros cuerdos, cuando los cuerdos son los machos de las cuerdas que encienden la música del fin, la sinfonía que todo lo termina, como estaba predicho. Pero avancemos, que la suerte jamás estará echada. Nadie predice nada. Nadie tiene razón, cabrones. Toda la isla frecuentada por palitroques, por mierdas andantes. Todo hacia todo. El conteo final está cerca. La muerte tasca con los cabellos de alguien que morirá, y gime, como si supiera que el crío ha nacido, como si la maldición hubiese pateado el vientre de su madre. El eco de una maldición nos llama, vomita una llama negra y helada, cosmos de una podredumbre apestada por los puercos, el hecho de tragar de sus sobras enriquece lo que teníamos anotado en el pasado, como una pluma fuente del ave del paraíso. Ponte los huevos, cuadrumano, cálzate o téjete las botas desde el 0 hasta el nadir, para que nadie te crea lo que cuentas, para que un amnésico momento de todos los putamente vividos, no te baile alrededor, para que nadie te venga con cuentos, para que la risa idiota del descerebrado no te de pena, para que se congracie la misericordia con el corazón de cerdo que te estaba proscrito a la daga, al apuñalamiento, al gruñido infinito; bestia insomne, aun no he terminado; estáis muertos, sí, para otra vida nueva y miserable, muertos como las piedras más vivas del lecho candente, donde te sancochas y gruñes tragando pescados crudos y vivientes, recorriendo la más agónica santidad que bebe su desgracia.

19 diciembre 2021

BENDÍGANNOS, ÁNGELES BUENOS


Imagen: Jack Farfán Cedrón


El alma viene siendo estos días, pura melancolía; para que el cuerpo, blando se aqueje de la necesidad del otro y podamos darnos todas las manos del mundo, en completa oración y refugio. Borrarán los días, señor, nuestras deudas, si atentos cantamos al niño nacido. Merece su vientre un castillo de besos, su rostro en fase divina, oro, de la luz vespertina en que descienden los ojos a un lago tranquilo, merecen. Dios redentor, en la presencia, en el rito mismo del espectro, que se da en nacimiento, que platea un riso, una mueca benigna, una rosa. Parean yuguladas estas sombras, sincronizar con el mar la presencia que se miente, parpadeante entre haces de luz, qué origen cósmico, genésico, cuando la potencia del amor que flamea afuera, capaz de arrear todos los rebaños del mundo, se abraza, y señala esta cruz que cargo con gusto, mientras el cariño absoluto se procrea, se multiplica, es un espejo que te pide los gestos que tú sientes por el otro; el espejo que cruza zaguanes tranquilos, que adiestra un animal dormido en el día, que cursa los riachuelos bajo naves en los templos, orando el sufijo de la muerte, por los vencidos, por los recostados a desaguar una pena que ya no alcanza en el cuerpo, esa pena que los hombres alargan, cuando alguien extiende la mano y se le da, y se sigue; pero se queda la melancolía en el otro, el llanto de los hombres que duermen de dolor y no de falta.

11 diciembre 2021

EL FUGAZ VUELO HACIA EL REINO

 

Imagen: https://www.ejemplos.co/10-ejemplos-del-reino-fungi/



A James Clarcq, In Memoriam

 

Perece el cuerpo,

Mas no el espíritu.

Salmo glorioso de música

Es el alma,

Que viaja pura hacia el cielo.

 

Soñaremos con viñas salvajes,

Con campos de manzanas

Para todas las manos necesitadas.

 

La pesca de hombres será fructífera,

Vamos sonriendo,

De vuelta en la carretera,

Los autos son girasoles,

Las caras nos tienden un melón

Para la sed,

En el camino bendito

De todas las tribulaciones.

 

Señor de la bondad

Y la sonrisa,

Veías una mosca posada en la ventana

“The fly… the fly”, decías.

 

Ama y sonríe, ama y sonríe;

Lo demás vendrá a llover sobre los corazones,

Eso que llamamos felicidad del instante.

 

Cordeles coloridos,

Puentes aéreos,

Rascacielos.

Llevaré por los aires

La dicha del encuentro,

Cuando la felicidad alza la cabeza,

Cuando la felicidad te inclina

A saber por la fobia del otro,

Por el rostro del dolor

Mirándote para que lo recuestes

Sobre tu hombro.

 

Y el vértigo,

Como una bendición del hogar

Al nacer,

Y el alma,

Entre fragores de agua viva,

Será un Salmo viajando

Hasta el Reino de la sonrisa

Que siempre te acompaña,

¡James Clarcq!,

¡Señor sonriente de Phelps!

 

James Clarcq,

Serás del Reino de los escogidos,

Quienes ríen para los corazones necesarios

Que cada mañana aman a todos los hombres

El fugaz vuelo hacia el Reino.

 

Cajamarca, Diciembre 11, 2021

AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS


 Imagen: https://mvcweb.org/mi-vida-en-xto/oracion-del-jueves-amaras-al-senor-tu-dios-y-amar-al-projimo-como-a-ti-mismo/

09 diciembre 2021

MANTENER LAS APARIENCIAS


Imagen: Tamara Merino: https://laderasur.com/fotografia/lo-que-aprendi-en-un-mes-compartiendo-con-el-culto-canibal-aghoris-en-india/


Viejo Henry Miller, estoy contigo, cuando dices que no tenemos por qué aparentar que somos hermanos. Somos caníbales, trogloditas; nos devoramos al primer síntoma débil; nos pegamos y nos destazamos al primer estallido de la pelea, al primer indicio de poderío. Somos criaturas comunes y corrientes; instintivas, impredecibles. Si alguien te da la mano, si alguien te da palabras de aliento, ello es la mentira más nefasta. No hay amigos, no hay hermanos, no hay familia. En la lóbrega e insípida estación terráquea, no habrá jamás muerte, habrá infierno permanente, latiendo sobre los lomos más puros. Bastión de enfermedades maduras, campo minado de palabras dichas demás a la hora del amor o de la guerra, donde nadie se salva, donde nada se perdona. No existe el perdón, sólo nos deslizamos entre mentiras, encerrados en un panóptico donde dan vueltas sólo infamias, regodeos para infamantes, para enfermos de la mente, que no es poderosa sino débil, cuando se trata de escupirle al otro en la conciencia, en el blanco del espíritu, en el cuerpo negro del delato. Merodeadores de nuestras propias miserias, no tenemos por qué respetarnos; bastaría con vapulearnos, con enterrarnos las zarpas en el cuerpo enemigo. Guerras interiores, ríos neuróticos. El eslabón perdido está visible, para el más listo de la tropa. Asistíos a recogerlo. Tirad, tirad cada quien para su lado. No hay ya hálito en el muerto; ellos, los muertos, ya no necesitan nada. No hay paz, Bukowski, viejo indecente. La gloria quede exenta de todo o de todos. Las guerras fratricidas se traducen en naturalidad humana. Hemos nacido para reptar, desde el principio de toda esta comedia, para ser pisoteados por la Virgen María, única e iluminada señal del camino.

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BÍO/BIBLIO

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Jack Farfán Cedrón. Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Modera el blog ‘El Águila de Zaratustra’, además de editar las revistas digitales Kcreatinn Creación y más & Plaquette El Cabuyal. Es Socio Fundador de El Cabuyal Editores y de Kcreatinn Organización. Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Letralia (Venezuela); Periódico de poesía (UNAM), Destiempos, Campos de Plumas (México); Revista de Letras (España); El Hablador, Fórnix, Sol Negro, Ablucionistas (Perú); Letras hispanas (USA) y Resonancias (Francia). En 2016 formó parte de los ciento cinco poetas de todo el mundo, invitados al III Festival Internacional de Poesía de Lima, FIP Lima.